Escrito y publicado por Gerardo Tagliaferro en Montevideo Portal

NO TE OLVIDES DEL PAGO
Gerardo Pelusso cantó Las 40: Catar, el 0-5 con Peñarol y la selección uruguaya
“Jugando en la selección, una vez entrenamos en una cancha que tenía un camino que la atravesaba. Sacamos las vacas y los caballos y nos metimos nosotros”


Es claustrofóbico y obsesivo. Cuando dirigía a Nacional y jugó con River argentino por la Libertadores de 2009, llegó al Monumental en un patrullero con sirena abierta, después de convencer a un comisario de que era el entrenador del equipo uruguayo. Se había bajado del ómnibus que llevaba al plantel para no pasar por un túnel. Un poco después, por la misma razón, arribó a Maracaná donde jugaba su equipo de entonces, la Universidad de Chile, corriendo entre los autos una distancia que él calcula en cuatro kilómetros.
Hace poco volvió de Catar con la firme determinación de no volver a pasar “ni en avión” por esa región. La experiencia fue muy mala, porque la única razón que justifica alejarse miles de kilómetros del paisito para cocinarse a fuego lento con temperaturas de 52 grados -la plata que se hace, digámoslo sin eufemismos- resultó un fiasco. Allí anda ahora Pelusso, tratando de cobrar a través de FIFA lo que acordó y nunca le pagaron.
Antes del desencanto catarí había sido campeón de la Sudamericana con el Independiente Santa Fe de Colombia y tuvo que marcharse cuando el crack del equipo se le puso de punta porque no jugaba todo lo que quería. “Hay cosas con las que no transo”, dispara. Más atrás, una experiencia con la selección paraguaya que califica de “fantástica” aunque con malos resultados. Tan malos, cabe decir, como los que cosecharon quienes estuvieron en ese mismo lugar antes y después. Más atrás aun un histórico 0-5 que debió tragarse contra Peñarol, en un segundo pasaje al frente de Nacional, después de haber salido campeón y llegado a la semifinal de la Libertadores en su primera estadía tricolor. Y yendo a buscar más lejos en el baúl de los recuerdos, un título uruguayo con Danubio en 2004 y un año después un histórico 7 a 2 a Peñarol.
Buenas y malas, ganadas y perdidas, la vida misma. Sin embargo, su balance personal es ampliamente favorable. “En los últimos 12 años gané 18 títulos”, reivindica. Ahora disfruta de la rambla de Montevideo y de la compañía de su hija, y no se sabe si algún día volverá a dirigir. En Uruguay, al menos, parece difícil.


1) ¿Es muy difícil dirigir en el mundo árabe?
Diría que es complicado. La nuestra fue una muy mala experiencia porque no nos cumplieron absolutamente nada desde el día que llegamos. Además nos vivieron mintiendo. Entonces, cuando no te cumplen pero decís “fui muy feliz viviendo ahí porque la temperatura me gustaba”… Pero tampoco. Por lo tanto fue una muy mala experiencia. Ni en avión paso más por el Medio Oriente.
2) Se supone que se hace mucha plata. ¿Eso no compensa lo demás?
No… si encima no te pagan… Acá el que diga “me voy al mundo árabe porque me interesa el proyecto”, miente.
3) Algunos lo toman como un paso hacia otros medios. Algunos clubes de esa zona son propiedad de gente que también es dueña de clubes europeos.
No, no existe eso, nada que ver. Deportivamente, el único salto que podés pegar es al Golfo Pérsico.
4) Todos dicen que en la FIFA, a la larga, cobrás.
Cobrás si los contratos están bien redactados y no caés en alguna trampa de las que tratan de colocarte. No fue fácil redactar el contrato porque tenía un montón de cláusulas… ya conocíamos esa historia. Todo está pensado en que vos vas a ir a la FIFA, entonces la cosa está centrada en hacerte la zancadilla antes de que empiece el partido.
5) ¿Te manejaste solo o tenías representante?
No, fui con mi abogado que es conocedor profundo del derecho deportivo, es el abogado de la Asociación de Entrenadores hace muchos años. No, sin abogado no podés ir. Es más, uno de los inconvenientes previos fue ese: ellos no querían que fuera con mi abogado. Eso ya hablaba a las claras de en qué condiciones querían firmar. Hasta que no llegó el pasaje para mi abogado no viajé. Yo quiero que todos los que vayan sepan que las cosas no son fáciles.


6) ¿Es muy difícil vivir en Catar para alguien de estas latitudes?
Hay gente que se adaptó y vive bien. Para mí fue muy difícil.
“El que diga ‘me voy al mundo árabe porque me interesa el proyecto’, miente”
7) ¿Cómo era un día común?
Mirar por la ventana y esperar que pasara lo más rápido posible, para venirme. Terminaba el día y decía: “un día menos para volver”. Cuando hay mucho calor, que es cuando allá empieza el campeonato, por julio o agosto, se entrena de noche y el resto del día vas a una piscina -todos los edificios tienen piscina- o estás en un lugar con aire acondicionado. De las cosas que me gustan a mí, allá no hay ninguna. O vas a un shopping, el que es fanático de comprar tiene lo que se le ocurra. Pero a mí, un edificio, por más fantástico que sea, no me llena. Mirar riqueza no me aporta nada.
8) ¿Las costumbres interfieren con el entrenamiento de un equipo de fútbol, al menos como lo concibe un entrenador occidental?
Y sí, el tema de la religión nomás… rezan cinco veces por día. Había que armar muy bien las actividades para que no interfirieran con la hora del rezo, por ejemplo. Y después, el tema de las comidas y demás, eso ya se manejaba con los médicos del club, que ya estaban hace años ahí y tenían experiencia. Eran tunecinos y teníamos una muy buena relación con ellos. Son árabes pero diferentes, con costumbres más europeas, digamos.
9) En el plantel me imagino que tendrías jugadores de varias nacionalidades.
Sí, en un partido anoté jugador por jugador su nacionalidad y había dos jugadores nada más que repetían, los demás eran todos de distinta nacionalidad. Dos egipcios tenía, los demás eran todos de países diferentes: el arquero era de Tanzania, los laterales uno era de Omán y otro de Bahrein, los zagueros centrales eran uno argelino y el otro un senegalés que había jugado diez años en Francia. Después tenía un brasilero, un chileno, un solo catarí… para que tengas una idea.
10) ¿Cómo te arreglás con el idioma en una situación así?
Bueno, lo que nosotros creímos que iba a ser un problema muy serio, en los hechos no lo fue. En primer lugar, ellos están acostumbrados a este tipo de situación, porque ahí llega un uruguayo como yo, y cuando me voy viene un rumano, un árabe, un tunecino, un argentino… están acostumbrados. Además para elegir a mi traductor hice un sondeo y elegí a uno porque había vivido quince años en el Chuy. Con él me entendía en portuñol, porque él no hablaba español fluido pero como yo había vivido en la frontera cuando dirigí al Frontera de Rivera, el portuñol lo entiendo. Y él manejaba muy bien el inglés y el árabe; yo en inglés me defiendo. Mientras estuve motivado llegué a dar una charla prácticamente en inglés y bien.
11) Pero si hablás en inglés ¿todos los jugadores te entienden?
No. Él les hablaba en inglés y en árabe, pero dentro del grupo había dos traducciones más: el fisioterapeuta le traducía al francés a dos africanos que hablaban francés, y un iraní que había venido a los quince años y hablaba árabe -porque Irán es el único país de esa zona donde se habla distinto- les traducía a dos iraníes que hacía poco habían venido y no hablaban árabe. O sea que yo daba una explicación, el traductor mandaba el mensaje al grupo, y dentro del grupo había dos traducciones más.
12) Se corría el riesgo de que aquello fuera un teléfono descompuesto.
Lo más probable (se ríe). Pero lo curioso es lo rápido que captaron los conceptos más importantes. De cómo jugaba el equipo el año anterior, nosotros mostramos lo que nos parecía que estaba bien y había que mantener, pero dijimos “vamos a cambiar esto y esto”. Y eso lo captaron inmediatamente. Porque hay mensajes que son importantes y otros que son accesorios. Nosotros nos limitábamos a que las cosas importantes llegaran y eso nos llamó la atención: el mensaje se comprendió sin ningún problema.
“Estuvimos cinco meses en Catar y nadie cobró un centavo de salario. Es más, nos vinimos sin saber quién era el que nos tenía que pagar”
13) No te costó significativamente más que en cualquier equipo latinoamericano.
Prácticamente, para hacerlo bien gráfico, es como hablar con eco. Hablaba yo y tenía el eco de los traductores. Para citarte un ejemplo: en el trabajo ofensivo yo digo: “pelota por la orilla se cruza al área; es muy simple, no hay ninguna posibilidad de hacer otra jugada; pelota que va por la orilla se mete al área; y en el área va uno al primer palo, otro al segundo palo y otro al punto penal”. Así de simple, por decirte algo. Eso yo lo decía una vez y lo entendían perfectamente. Lo decía una vez, lo repetía y a hacerlo. Eso lo hago acá y lo hice allá sin problemas.
14) La forma de sentir el fútbol, habiendo gente de tantas nacionalidades, ¿es muy distinta entre los futbolistas y eso es un problema?
No, lo que sea el menor esfuerzo está bien para ellos. Todo lo que signifique un esfuerzo mayor ya no les gusta.
15) Estás hablando de los jugadores oriundos de aquella zona.
De todos. Porque los que llegan allá se adaptan enseguida a una cosa: a hacer la fácil, viven todo el día en la piscina, de día no entrenan. De entrada me di cuenta que no podés intentar otra cosa, ni sueñes con hacer doble horario. Está el problema de la temperatura; nos fuimos a hacer la pretemporada a Alemania y entrenaban sin problema ninguno, pero llegan allá y no hay quien los haga entrenar de mañana. Y si citás a 20 jugadores de mañana, te pueden ir cinco. Entonces, es la ley del mínimo esfuerzo, y el sálvese quien pueda. Allí todos están por el dinero y no le interesa a nadie nada. Te podés estar muriendo, pidiendo un vaso de agua, que a nadie le importa nada. Y esos son los de allá, los de acá y los de todos lados. Catar es un país muy especial también: tiene 3 millones de habitantes y solo 300.000 son cataríes, el 10 por ciento de la población. El resto son todos extranjeros que van a trabajar. Hay un millón de personas trabajando en la construcción por ejemplo, porque están haciendo un país nuevo. La gente no va ni por la religión, ni por el clima ni por el proyecto deportivo.
16) ¿Cómo es la gente en las tribunas?
Y, no sé porque no va nadie. Si hubiera ido gente te diría (se ríe). Mirá… un día fuimos a un partido a Wakrah a ver al equipo que dirigía Mauricio Larriera, que es como si fuera un hijo para mí, fue mi asistente durante siete años. Estacionamos en la tribuna que sería la Olímpica y empezamos a ver dónde sacábamos la entrada. No, era gratis la entrada. Y había un tipo de la barra que reunía gente que venía, hindúes, nepalíes, gente que trabaja en la construcción, y les daba un sándwich y un refresco para que vaya a hacer barra por el equipo. Y a la salida les dan un dinero. Esa es la barra del club: uno dirige y canta, y estos lo siguen. Entonces, es como una extra: vas un sábado de noche, te comés un sándwich, te tomás un refresco y te venís con 50 reales cataríes. Esa es la hinchada, gente que la llevan alquilada, por llamarle de alguna forma.
17) ¿Cuánta gente seguía a tu equipo normalmente?
Y… 40 personas. Un equipo grande eh, al menos eso dicen ellos, uno de los dos más grandes. Hasta el año 2000 era el que más títulos había ganado, pero después, hacen las cosas tan mal, que no salió campeón nunca más. Hay muchas cosas que no tienen explicación, no me tomo el trabajo de buscarla porque no la tienen. A nivel de básquetbol y de voleibol este equipo es muy fuerte.
18) ¿Quién banca el fútbol? ¿Los jeques?
El gobierno. Y hay algunos jeques que no sé si llamarles dueños o padrinos del equipo. En el nuestro nunca apareció, nadie supo nada de la vida de él. En la medida que ese jeque esté encima, esté interesado por el equipo, parecería que le aporta más organización y, en ese caso, se cobra. Porque algunos pagan también. Para mí, son la minoría. Esa es mi opinión en base a todo lo que escuché y lo que hablé. La mayoría trata de no pagarte, de sacarte ventaja en lo que puedan.
19) ¿No cumplen de entrada, o a partir de que te vas?
No, no, desde que llegamos. No nos cumplieron desde que llegamos, estuvimos cinco meses allá y nadie cobró un centavo de salario. Es más, nos vinimos sin saber quién era el que nos tenía que pagar. Explicaciones, todas las que quieras. Más vale reírme. Cobramos una mínima parte, después de estar cinco semanas, de una plata inicial que nos tenían que dar. El 50 por ciento del contrato nos lo tenían pagar en el momento de comenzar. Te envuelven… es un modo de vivir y disfrutan con eso. Ahí el que engaña mejor es el más crack.
“Lo de Paraguay fue una experiencia fantástica con malos resultados deportivos”
20) Has tenido suerte dispar como técnico. En algunos equipos te ha ido muy bien y en otros mal. ¿A qué lo atribuís?
Es la vida del entrenador. ¿Vos conocés algún entrenador al que siempre le haya ido bien? En los últimos 12 años gané 18 títulos. Tengo entreverada alguna vez que me fue mal.


21) Te fue mal con la selección de Paraguay y eso hace ruido.
Sí, como le fue a los que estuvieron antes y después de nosotros. Ahora, la experiencia fue muy buena, si vos medís solo por los resultados es problema tuyo, pero la experiencia fue fantástica. Tuvimos dirigentes que nos dieron todo, trabajamos al más alto nivel, en los mejores lugares, con los mejores jugadores… se podrá opinar si estaban en su mejor momento o ya en decadencia. La experiencia, profesionalmente, fue fantástica. No tuvimos resultados deportivos nada más. Pero si mido eso en resultados nada más, me estoy nublando.
22) Pero al menos acá en Uruguay, el ambiente futbolístico dice: “lo único que importa es ganar”.
A mí también lo único que me importa es ganar. Me importa ganar cuando voy a la competencia, pero si tengo que analizar un ciclo de trabajo lo tengo que hacer de otra forma, porque soy entrenador de fútbol. Habrás escuchado la frase: “acá somos tres millones de entrenadores”. Como decía mi maestro Mario Patrón: “ponelos delante de un plantel a los tres millones y después me decís cuántos te quedan”. Yo lo tengo que medir de otra manera: lo de Paraguay fue una experiencia fantástica con malos resultados deportivos. Hay otros lugares donde se dieron los resultados pero la experiencia profesional no fue buena.
23) Lo decís desde tu punto de vista. Desde lo que te aportó a vos.
Sí, y a mi cuerpo técnico. Le podés preguntar a cualquier integrante del cuerpo técnico cómo fue la experiencia de Paraguay. En todo sentido, desde el lugar dónde vivíamos, la gente con la que tratamos, los jugadores que dirigimos, la organización… te cito un solo ejemplo: en esa eliminatoria la única selección que tenía desde antes de comenzar, en todos los partidos que jugaba en el exterior, un vuelo chárter, era Paraguay. Ninguna otra selección. Brasil no estaba porque el mundial se jugaba en Brasil, pero ni Argentina lo tenía.
24) ¿Qué le pasa a Paraguay entonces?
Lo que le pasó a otros: terminó una gran generación de futbolistas y no encontró recambio. Les pasó en algún momento a todos: Chile, después de Salas y Zamorano, tuvo que esperar que aparecieran Vidal, Medel y Bravo para volver a un mundial. Colombia estuvo 16 años sin ir a un mundial después de Valderrama, Rincón, el “Tren” Valencia. Perú desde el año 82 espera una buena generación que le permita clasificar. A los únicos que no les pasa es a Argentina y Brasil, porque tienen tantos jugadores que para clasificar les alcanza. No para garantizarle andar bien en el mundial, pero sí para clasificar. Yo ahora lo puedo decir porque lo viví: antes de la eliminatoria ya podés saber quiénes van a clasificar y quiénes no.
25) ¿Cómo lo sabés?
Midiendo el poderío de las selecciones. ¿Y sabés cómo se mide? Viendo cuántos jugadores tiene cada selección jugando en las grandes ligas con destaque. ¿Cuántos jugadores tiene Paraguay jugando en las grandes ligas con destaque? ¿Cuántos tiene Perú? ¿Y cuántos tienen Argentina y Brasil? Argentina tiene 45, o 35 o 38. Te hablo de las ligas de Alemania, Italia, España o Inglaterra. Que jueguen ahí con destaque. ¿Cuántos tiene Brasil ahí? ¿Y cuántos tiene Perú? Perú tiene uno solo, Pizarro, y tiene 40 años; debe estar por jubilarse.
26) ¿Uruguay clasifica al mundial?
Sí, clasifica sí.
“Después de perder 0 a 5 con Peñarol estuve casi un año y medio encerrado en mi casa”
27) Le queda un tramo muy difícil, porque dos de los tres partidos de local que tiene son de alto riesgo: con Argentina y Brasil. Y después tiene que ir a pelear de visitante con Perú, Venezuela y Paraguay.
Yo digo que clasifica. Hay seis equipos para cuatro puestos y medio: Brasil, Uruguay, Chile, Colombia, Argentina y Ecuador. De esos, cuatro van al mundial y uno al repechaje. Si fuera por lo que yo quiero, Paraguay segundo y al mundial. Pero el análisis me da otro resultado.
28) Uruguay juega el próximo partido con Brasil, que va primero y ganando a todos. Es un partido perdible aunque sea de local. Y después tiene que ir a Perú. Donde no le gane a Perú ya queda en el pelotón.
Bueno, pero con ese análisis Uruguay ya está fuera del mundial. Contra Perú en Lima es un partido ganable. Jugamos contra Venezuela eliminada y contra Perú eliminado o casi eliminado. Pero quiero decirte algo de Colombia: el día que entiendan la necesidad de trabajar en juveniles van a ser una potencia, un pelito por debajo de Argentina y Brasil. Despegados del resto. No trabajan en inferiores, al chico que juega bien le dicen “vaya y juegue”. Nosotros, en cambio, estamos al máximo de nuestras posibilidades en ese sentido, porque a los 14 años, el que juega bien, ya está trabajando al mejor nivel. En Colombia a nivel profesional ahora hay mucha más conciencia. Yo trabajé con muy buenos planteles en ese sentido, pero como el de (Independiente) Santa Fe ninguno.
29) Lograste un título internacional con ese club, algo inédito para ellos, y te tuviste que ir por un problema con un jugador.
Sí. Y bueno… en el triunfo o en la derrota, si hay alguna cosa que nunca aceptamos fue transar por la importancia que tenga un jugador. El otro día un amigo me decía, en broma: “vos siempre te has destacado por tener problemas con las estrellas de los equipos”. Y le digo: “si no corren, sí”. Yo no mido el nombre ni el prestigio del jugador, para mí son todos iguales. El que no corre, conmigo tiene problema.
30) ¿Ese fue el problema con Omar Pérez (en Independiente Santa Fe)?
No, el problema con él fue un problema típico de los entrenadores: cuando el dueño del equipo, el crack, está de retirada y no puede jugar más. Si lo ponés jugás con 10, y si no lo ponés te puede poner a la hinchada de sombrero. A mí no me sacó antes Pérez porque ganábamos todos los partidos, ganamos la Sudamericana, pero hizo todo lo posible. Pero eso lo viví con varios jugadores. Hay otros técnicos que le pasan el plumero, y dicen “mi equipo es éste y 10 más”. Conmigo si no corre, no juega.
31) ¿La dirigencia del club te presionaba para que lo pusieras?
No, no, el ambiente, los hinchas. La idolatría del hincha por un jugador puede más que cualquier cosa. Pero yo no soy hincha, yo soy entrenador, y hay cosas con las que no transo. ¿Me tengo que ir para mi casa? Me voy para mi casa, pero lo que es justo, es justo. Porque si no, traigan al jefe de la barra brava y que dirija al equipo. Pero es un problema muy difícil, porque generalmente el crack no acepta que le llegó el final.


32) ¿Los equipos uruguayos están en condiciones de ganar una Libertadores o una Sudamericana? Vos llegaste a semifinales con Nacional en 2009.
Sí, yo pienso que sí. Hace mucho tiempo que no se logra y hay una cuestión de la que se ha hablado mil veces: el fútbol a nivel interno no tiene el potencial que tiene la selección, por una razón muy simple: los que juegan bien se van antes de los 20 años. Entonces, cuando el jugador está en su plenitud, no juega en un equipo uruguayo, está jugando en el exterior. Un ejemplo: vino el “Diente” López, un chico que está en su plenitud; bastó que estuviera seis meses, que anduviera bien e inmediatamente se fue de nuevo.
33) Dejando de lado a Suárez, Cavani y Godín, que hoy brillan en equipos muy importantes, ¿realmente los jugadores uruguayos son tan buenos como a veces creemos?
Hay de todo. Lo que pasa es que el jugador uruguayo tiene la marca en el orillo. Los empresarios venden al futbolista uruguayo y habría que hacer un estudio y ver, de 20 que se van a Europa, cuántos juegan después. La gran mayoría no juega. Pero lo que pasa es que es una mercadería que todo el mundo la quiere comprar. Van en edades que no son las más adecuadas, pero hay familias que están esperando que al nene lo vendan así nos salvamos todos. ¿Vos te imaginás un chico de 17 años llegando a Europa? Hay excepciones pero son muy pocas. Yo tuve a Mauricio Pereira en Nacional, que es un chico que está fuera de concurso, de acá (se toca la cabeza). Está en Rusia. ¿Vos te imaginás un chico de esa edad, viviendo en Rusia y llegando a la casa un domingo de tarde después de perder un partido? Es como para suicidarse. ¿Sabés lo que se sufre viviendo afuera del país? Yo he vivido en siete países diferentes aparte de Uruguay, y sigo extrañando y sufriendo como loco cuando estoy afuera. Imaginate esos chicos.
“El comisario me dijo: ‘Bueno, lo llevamos sí, pero con una condición: ¡hay que ganarle a estas gallinas hijas de puta!’ ¡Por suerte era hincha de Boca!”
34) En tu segundo pasaje por Nacional sufriste la goleada 0-5 contra Peñarol. ¿Qué significó ese partido para vos?
Una amargura muy grande. Tener que irme de Nacional y perder ese clásico, lógicamente que fue muy duro.
35) ¿Fue la peor derrota de tu vida deportiva?
Sí, en un partido sí. Fue muy duro. De hecho, estuve casi un año y medio encerrado en mi casa. Pero bueno, la vida del entrenador es así. El tema es, cuando te caés, pararse y seguir peleando. Una vez disfruté un 7 a 2 a favor contra Peñarol (dirigiendo a Danubio). Entonces cuando me hablan de esos cinco goles yo digo “una vez le hice siete a Peñarol”. ¿Cuál es el problema? A veces te toca a favor y otras en contra.
36) En tu época de futbolista jugaste algunos partidos en la selección, a mediados de la década del 70. ¿Cómo era jugar en la selección en esa época?
No había organización ninguna. Te voy a contar: una vez fuimos a entrenar en el Centenario y como llovía mucho no nos dejaron entrar a la cancha y el profesor Silva Cabrera, que era el técnico, dijo “vamos a una cancha en la que yo sé que no hay ningún problema”. Esa cancha estaba frente a la concentración de Liverpool, en Lomas de Zamora. No sabés lo que era. Era en bajada pero hacia un ángulo, ni siquiera hacia el arco. Y los empleados de una fábrica, cuando iban a tomar el ómnibus, la cruzaban en diagonal. Entonces se había formado un camino que atravesaba la cancha. Y fuimos a entrenar ahí. En aquella época había venido un polaco, Strejlaw, a dar unas charlas y a la vez estaba haciendo un estudio del fútbol en Sudamérica. Yo le comentaba a mis compañeros: “imagínense este tipo cuando vuelva, va a hacer un informe y va a decir: olvídense de Uruguay por los próximos treinta años. ¡Fíjense donde entrena la selección!” Nosotros fuimos ahí, sacamos los caballos y las vacas y nos metimos (se ríe). Esa era la organización que había en ese momento. Pero al margen de eso, para mí era un sueño jugar en la selección. Venían excursiones de Florida, mis amigos de la escuela, a ver los partidos. Yo tenía 21 años, vivía el fútbol como lo que es: jugar a la pelota.
37) Hay un dato en tu legajo que poco se conoce: sos claustrofóbico y eso te generó algunos problemas también en el fútbol. Te pido que cuentes la anécdota del viaje al estadio Monumental de River, para jugar por la Libertadores de 2009.
Yo tengo un problema con los túneles. Cuando salimos del hotel para el estadio, el ómnibus tomó por una autopista con seis o siete carriles de vehículos a toda velocidad. De repente vi que íbamos a pasar por un túnel. Le pregunté al chofer si no podía tomar otro camino y cuando me dijo que no, le pedí que parara y me bajé. Conmigo se bajaron dos miembros de la seguridad que iban en el ómnibus. Tomamos un taxi y cuando llegamos cerca no se podía pasar, había vallado. Uno de seguridad le dijo al taxista que yo era el técnico de Nacional y que tenía que pasar. Entonces él nos dijo que lo mejor era que nos dejara en una comisaría que hay cerca, para que la policía nos llevara hasta el estadio. Bueno, allá fuimos. Cuando llegamos a la comisaría le dije al taxista: “Sabe una cosa amigo: no tenemos plata”, porque yo me había tirado prácticamente del ómnibus sin agarrar nada y los de seguridad atrás mío. “No se haga problema”, dijo el tipo. Entramos a la comisaría y nos atendió un oficial. Le dije que yo era el técnico de Nacional y que tenía que llegar a la cancha de River. El tipo me miró medio de costado y dijo: “espere un momento”, y fue a buscar a otro. Vino el otro y lo mismo. “Voy a buscar al comisario”, dijo. Allá vino el comisario, de saco y corbata. El hombre me miró un rato y dijo: “¡Sí, usted es el técnico de Nacional!” Le explicamos todo lo que había pasado y me dijo: “Bueno, lo llevamos sí, pero con una condición: ¡hay que ganarle a estas gallinas hijas de puta!” ¡Por suerte era hincha de Boca!
38) Pero el problema no terminó ahí.
Salimos en un coche que manejaba una mujer, con los dos custodias. Iba con la sirena abierta, despejando el paso. De repente toma por una avenida y veo que a lo lejos… ¡había un túnel! “¿Tiene que pasar por ahí?” le pregunto a la mujer. “Sí -me dice- no hay otra”. Bue… me puse los brazos tapándome la cara y cerré los ojos. Lo único que quería a esa altura era llegar (se ríe). Pero después de esa tengo otra.
39) Podés contarla.
Yo también tuve mi Maracanazo. Con Universidad de Chile le ganamos a Flamengo en Maracaná, 3 a 2. Y ese día me pasó una cosa parecida. En Río de Janeiro hay un túnel importante, por el que había que pasar para ir al estadio, y a esa hora hay una trancadera importante. Yo estaba suspendido, no podía entrar a la cancha. Entonces contratamos una Van para ir el presidente del club, un guardia de seguridad, mi representante y yo, por otro camino eludiendo el túnel. El chofer nos dijo que por ese camino demorábamos una hora. El partido era a las siete y media, entonces salimos a las cinco para llegar a las seis. Arrancamos y el tránsito era pesadísimo. Cinco y media, seis menos cuarto, las seis y Maracaná ni se veía. “Pero hermano ¿no me dijiste que demorábamos una hora? ¿Dónde está Maracaná?” le dije. “Fica tranquilo” decía él. Seis y media, siete menos cuarto y Maracaná no aparecía. Eran las siete y estábamos arriba de un puente y mirábamos: todo trancado y Maracaná a cuatro kilómetros más o menos. Al tipo no lo ahorqué ahí sentado porque… “No llegamos -dije-. Vamos corriendo”. Nos tiramos y arrancamos a correr entre los autos, alrededor de cuatro kilómetros. Además dimos vuelta al estadio buscando la puerta 23, que era por la que teníamos que entrar. Cuando llego, los jugadores estaban entrando a la cancha. Les ganamos con diez jugadores, con baile, y eliminamos al Flamengo de la Libertadores.
40) Ese problema con los túneles se origina en una broma de mal gusto que te hicieron siendo niño.
Sí, cerca de mi casa había unos caños por donde pasaba el agua, en los que nosotros jugábamos a tirarnos y pasar para el otro lado. Y un día me metieron una tremenda piedra en la salida y quedé encerrado. Y quería salir para atrás y no podía porque el agua no me dejaba. Fue un ratito pero fue horrible. Y por eso los túneles me cuestan.

Montevideo Portal | Gerardo Tagliaferro-Fotos: Juan Manuel López

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