NOSOTROS Y EL FÚTBOL

El tiempo pone cada cosa en su lugar, desde los mas humildes que brillan, hasta los ídolos con pies de barro.
Victorias pírricas no deben confundirse con triunfos épicos, como ganar en la hora no significa triunfar en la vida, que es corta, donde el fútbol sirve para cosechar y recoger amigos.
Leyendo a Sun Tzu se puede aprender y valorar muchos factores de quienes se alimentan del caldo de cultivo en el que nacieron y habitan frecuentemente.

Cuando hablamos del “Arte de la Guerra” siempre trasladamos su aplicación al deporte y en éste caso al fútbol, donde a cada paso se ve a “un enemigo, un contra”.
“El arte de la guerra se basa en el engaño. Por lo tanto, cuando es capaz de atacar, ha de aparentar incapacidad; cuando las tropas se mueven, aparentar inactividad. Si está cerca del enemigo, ha de hacerle creer que está lejos; si está lejos, aparentar que se está cerca. Poner cebos para atraer al enemigo. Golpear al enemigo cuando está desordenado. Prepararse contra él cuando está seguro en todas partes. Evitarle durante un tiempo cuando es más fuerte. Si tu oponente tiene un temperamento colérico, intenta irritarle. Si es arrogante, trata de fomentar su egotismo. Si las tropas enemigas se hallan bien preparadas tras una reorganización, intenta desordenarlas. Si están unidas, siembra la disensión entre sus filas. Ataca al enemigo cuando no está preparado, y aparece cuando no te espera. Estas son las claves de la victoria para el estratega”.

De pronto algún imberbe no ha transitado ni adquirido para si la capacidad de razonar, cavilando sobre los porqué de lo que pasa, y al respecto, Adolfo Zableh Durán escribe en Eltiempo.com que “El fútbol ha sido el gran tema de mi vida, pero lo estoy dejando”.

Cada vez que juega la selección es lo mismo: las notas con hinchas llenan la sección de deportes de los noticieros. ‘Notas de color’, las llaman. Yo admiro a los periodistas que las hacen, tanta paciencia para soportar un grupo de personas que saltan mientras gritan incoherencias. Y aunque el hincha de fútbol constituye un buen retrato de la idiotez humana, se queda corto si lo comparamos con el futbolista aficionado.

Agrega Zableh que “la honradez escasea en las canchas y además deja en evidencia otro pecado: nos encanta ser juez y parte de las cosas”.

Y hablando de responsabilidades, la culpa de que nos hagan un gol nunca es propia, siempre del otro. Y además, somos susceptibles, nos ofendemos fácil si nos hablan duro. Nos llaman la atención por un asunto meramente futbolístico y lo tomamos como algo personal, asumiéndolo no como un llamado de atención, sino como que el otro nos odia. Pasa también en las empresas. “Mi jefe me odia”, oímos todo el tiempo.

También en esas recochas, cuando no hay árbitro toca apelar a la honestidad del jugador para que reconozca si hizo falta, si la pelota se fue, si la tocó con la mano. La honradez escasea en las canchas y además deja en evidencia otro pecado: nos encanta ser juez y parte de las cosas. Juez para fallar a nuestro favor, se entiende. Las personas más rectas que he visto en una cancha de fútbol son extranjeras: ingleses, alemanes, estadounidenses.

Con ver la pinta con que llega la gente a jugar, se deduce que nos encanta lo ilegal. Muchas de las camisetas son de equipos famosos, pero chiviadas, que además son más baratas. Entonces también somos pobres, o tacaños, según el personaje. Y ni hablar del tercer tiempo, que dura más que el mismo partido y donde sobra el alcohol, lo que revela que nos gusta el trago más que la comida y que cualquier excusa es válida para emborracharse y no llegar a la casa.

El fútbol ha sido el gran tema de mi vida, pero lo estoy dejando. Me parece un deporte violento que aunque le suma cosas a la sociedad, le quita muchas más. El fútbol es la guerra de nuestros días, una manera civilizada (no siempre) de agredirse entre bandos.

Fuentes.

Eltiempo.com

Sun Tzu El Arte de la Gerra

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