Por Virginia Sánchez Larriba
Psicóloga Deportiva
Publicado en Fotos y Banquillo

Es evidente que el miedo es un elemento importante en nuestra práctica deportiva, que influye en nuestro rendimiento, y por este motivo, no es la primera vez que hablamos sobre él.

“No hay entrenadores buenos y malos, sino valientes y asustados” es una frase pronunciada por Pep Guardiola que ilustra muy bien de lo que queremos hablar hoy, y es que cuando decimos que sentir miedo influye en nuestro rendimiento no debemos dar por hecho que influye siempre de manera negativa.

Todos, absolutamente todos, tenemos miedo en determinados momentos de nuestra vida. El miedo es una emoción básica por lo que, si no tenemos ningún tipo de trastorno que nos impida sentir emociones, el miedo debe ser algo que todos conozcamos.

Yo siento miedo, tú, que estás leyendo esto también sentirás miedo en ocasiones, y todos esos entrenadores que dicen que no tienen miedo, también lo sienten. Sentir miedo no es negativo ni nos hace rendir menos, es la actitud que tomamos frente a ese miedo la que nos puede hacer mejorar nuestro rendimiento y nuestras decisiones o empeorarlo.

¿Qué nos hace sentir miedo?

No es necesario estar delante de un toro para sentir miedo, podemos sentirlo ante cualquier cosa que percibamos como una amenaza. Si somos entrenadores de un equipo, podemos entender como situación de amenaza un partido de una eliminatoria importante, una posible remontada en un partido que tenías “controlado”, ver que se acerca el final del partido y que el gol de la victoria no llega…

¿Qué sentimos?

Cuando percibimos una situación amenazante, nuestro cuerpo, de manera automática, reacciona. Experimentamos unos cambios fisiológicos tales como un aumento de pulsaciones, sudoración…También cambios cognitivos y emocionales, como por ejemplo, la aparición del enfado o de pensamientos negativos del tipo “vamos a perder”, por ejemplo.

Entonces ¿qué hacemos?

Imaginemos: estamos en el campo y nos encontramos con un toro y, como sabéis, sentimos miedo. El ser humano puede reaccionar de dos formas: quedándonos paralizados o actuando (huyendo o luchando)

Cuando estamos sentados en el banquillo dirigiendo a nuestro equipo sucede lo mismo, podemos quedarnos paralizados, ser incapaz de tomar una decisión y de actuar (muchas veces podemos ver a entrenadores sobrepasados por la situación, que dejan incluso de dar órdenes a sus jugadores), o podemos actuar, tomar decisiones e intentar hacer frente a esa situación que tenemos delante.

Es aquí donde entra en juego la “valentía” de la que hablaba Guardiola. La capacidad de asumir esa situación de ansiedad en la que nos encontramos como un reto y no como una amenaza y ser capaces de tomar decisiones sin que el miedo nos paralice es lo que nos acercará al éxito. Es muy probable que nos asalten dudas, y que nos lo cuestionemos todo, pero el buen entrenador será aquel que dé un paso al frente y tome decisiones,  asumiendo el riesgo y siendo consciente de que quizás salga bien o que quizás los resultados no sean los esperados y tenga que asumir su error.

Sentir o no sentir miedo no nos hace mejores o peores entrenadores. Lo que nos hace mejores es entender que esa sensación forma parte del juego, comprender que el error y la derrota también son un aspecto más del deporte y vivir cada situación como un reto y no como una amenaza. Actúa, toma decisiones sin miedo a equivocarte y será cuando más cerca estés de acertar.

Y sobre todo, asume el miedo, porque se puede sentir sin necesidad de estar delante de un toro.

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