Por Alfredo Zaldúa  (Semanario El Eco/GIEFI/FM Palmira Comunitaria)

Los árbitros a la Escuela

Decir que desde que el fútbol es fútbol –o poco menos- uno de los componentes más polémico es el árbitro es tan poco novedoso como que la semana tiene siete días.

Estimar que meterse a árbitro, apelando a los muchos, medianos o pocos conocimientos reglamentarios que pueden poseer como meros aficionados al fútbol,  en general en cuantiosos casos surge como una changa, tampoco es ningún descubrimiento.

Que muchas veces son presa para justificar derrotas no es menos verdad pero tampoco deja de ser veraz que en infinidad de ocasiones, diría que cada vez más, por malas gestiones incidentes  en los resultados reciben críticas con plena razón de ser.

Antes de seguir quiero aclarar que este comentario no se centra sobre lo que en este rubro puede acaecer exclusivamente en el fútbol palmirense sino que, sin pretender señalar a nadie en especial con nombre y apellido ni tampoco catalogar de mala persona, abarca a todo el interior y, aunque sea un mal poco menos que endémico, suponiendo no lo es, de carácter mundial, prefiero limitarme a lo más cercano, a lo más palpable.

Dejo en claro que rechazo todo tipo de agresión, especialmente la física, que es la más severa porque aquella que pueda ser de palabra no siempre debe ser tomada como ataque  aunque, dado el poderío que se les ha adjudicado a los encargados de impartir justicia en el fútbol, cualquier cosa dicha en su contra, aún sea expresada de la manera más correcta, es tomada como ofensa y, en infinidad de casos –según sea el escenario donde estén cumpliendo funciones- por estar más preocupados en  atender el afuera que lo que ocurre dentro de la cancha sin tampoco dejar de puntualizar que adentro también suelen tener dualidad de criterios al momento de mostrar severidad cuando aparecen actitudes igual de ofensivas o fuera de lugar.

Cada vez más en gran medida el que se juegue o no al fútbol pasó a depender de sus decisiones y pretensiones, y es aquí donde le erran más feo que si cobraran un penal en el medio de la cancha.

Lejos está en mí cuestionar su agremiación, respetable y necesaria, pero sí me choca el concepto que tienen de gremio. Se equivocan al suponer que sólo tienen derechos y carecen de obligaciones. En el diccionario del medio referil no existe la palabra autocrítica. Como es real que no siempre son los responsables de los resultados de los partidos  tampoco siempre tienen razón ya sea directamente pitando o procediendo dentro de lo que sería correcto para estar aptos para desempeñar esta función.

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Y acá desemboco en el título de esta Mirada Extra que puede parecer chocante, discriminatoria, subestimadora o, lisa y llanamente, con intenciones de tildar, a los también llamados jueces, de analfabetos. De ninguna manera. Sería muy atrevido y denigrante de mi parte semejante desatino sin tener en cuenta las peripecias que la vida les pudo haber puesto por delante como a cualquiera de nosotros. Lo que si no comparto es la falta de interés en superarse, detalle este apañado por la misma gremial y, lo que es peor, por las propias instituciones que los cuentan como funcionarios que no les exigen  , siempre hablando en términos generales porque habrán  las excepciones de uno y otro lado, en la recíproca devolución a lo que ellos sí ponen por delante en materia de reclamos.

Se puede ver a lo largo y a lo ancho físicos más de luchadores de sumo que de árbitros de fútbol –incluidos los categorizados por la autoridad suprema del fútbol del interior actuando en sus propios campeonatos-  o formularios con errores poco creíbles sin dejar  de lado los que groseramente cometen en desconocimiento del reglamento conduciendo el juego en sí mismo. Lo más sorprendente, llegamos a lo medular,  es que, O.F.I. considere que todo se arregla haciendo pruebas teóricas una o dos veces al año, donde lo físico no puede ser dejado de lado –y cuando les hacen esa prueba ésta es menos exigente que saltar al rango en el patio de casa- y pueden saberse el reglamento de memoria –los que lo saben- pensamiento equívoco este para dar validez de capacidad porque  la prueba de fuego está en el saber ponerlo en práctica, cosa que se ha podido comprobar al momento de sacar las castañas aquello termina siendo sólo un espejismo. Por lo tanto lo que desde hace años se impone es crear una ESCUELA de ÁRBITROS. Sí, una ESCUELA a donde con una carga horaria adecuada  deban concurrir todos los aspirantes  a desempeñar esa tarea para, arrancando de cero, aprender TODO –lo técnico, físico, sicológico, social e intelectual- que ella encierra, e incluso donde los en actividad también concurran a revalidar en serio su condición de aptos para la tarea.  Sí, de la misma manera que todos debemos ir a la escuela a, entre otras cosas,  aprender a leer y escribir, en este caso traspolado al fútbol.

Que el arbitraje sea una carrera. Que no todo se resuelva con tener aire para soplar un pito o la mediana fuerza para levantar y mover una bandera. No es cuestión de soplar como en baile de carnaval ni mover banderas cual aspas de molino. De lo contrario esto va de mal en peor. Y lo más curioso y paradójico  es que, en este ámbito, el órgano que los designa lleva el nombre de Colegio. ¿A quién se le habrá ocurrido bautizarlo así? Que me perdonen los viejos precursores del fútbol y capaz que por entonces esto encajaba con la nominación, de lo contrario ahora, sonar suena muy pomposo pero, así estamos… sonando.

 

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