Los supercampeones del 92. Foto José Martinez Cayaffa

Nos pudo la nostalgia…..

…..porque por diversas razones (aceptamos que por ahí se pueda pensar que haya sido por falta de capacidad, por el desgaste de los años, porque nos superó la tecnología, o tal vez por algún desengaño profesional de los grandes) habíamos resuelto ponerle fin al contacto con los lectores (pocos, muchos ¿a quién le importa más que a nosotros?) que tuvieron la paciencia de seguirnos (¿o de tolerarnos?) por casi cuarenta años.

Nos pudo la nostalgia al desarchivar el teclado y también incidió la invitación de dos enormes amigos (para nosotros verdaderos hermanos de la vida y el fútbol) como Pedro “Cacho” Mansulino y Julio Pérez Ruíz para compartir una reunión con el grupo que 25 años atrás lograra en el estadio Burgueño Miguel de Maldonado (que para nosotros sigue siendo el mítico Campus, donde se atesoran tantos capítulos enormes del fútbol del interior profundo) la Supercopa de Clubes Campeones del Interior, una de las tantas buenas ideas competitivas que OFI ha ido desechando por diferentes motivos.

Nos pudo la nostalgia…, pero también en casi compromiso de acceder al pedido de otro gran amigo como Jorge Benoit (el creador de lo que sin lugar a dudas ha sido la gran revelación del periodismo chacarero de los últimos tiempos de un gigante informativo y de opinión a nivel nacional como lo es Futbolflorida), de escribir unas líneas sobre dicho encuentro de excelentes futbolistas que le han ganado al tiempo y a su viejo compinche de andanzas, el olvido, para seguir manteniendo esas grandes amistades que se generan a través de un vestuario que supo ser ganador pero también (y esencialmente)solidario y participativo como pocos.

Porque no fue solo la suerte de estar en el lugar indicado ni en el mo- mento preciso, como lo suelen graficar las explicaciones facilongas, la que incidió para llegar a concretar la hazaña deportiva. Sus protagonis- tas afirman con merecido orgullo que todo nació como un compromiso grupal de dirigentes, técnicos y jugadores de ir por la revancha de lo que había sido una temporada 1992 frustrante en lo local, donde se habían quedado con las manos vacías cuando parecía que se quedaban con todo lo que estaba en juego.

Nadie, cuentan, cobró un peso. Los dirigentes trillaron la ciudad “mangueando” para lo más básico como el traslado y la alimentación. Le ganaron la clasificación previa al siempre poderoso Universal de San José (claramente en el resultado, pero con el oneroso saldo de varios jugadores suspendidos por los incidentes que se produjeron y que no pudieron estar en la semifinal y final jugadas en el escenario fernandino) y marcharon al encuentro de la gloria que los esperaría tras derrotar a grandes rivales como Quilmes de Florida y 18 de Julio de Fray Bentos.

Un cuarto de siglo después, sobran las canas y los quilos en la mayoría, pero la alegría por el reencuentro rejuvenece los rostros. El tiempo si- mula no haber transcurrido, porque la “Juana” Flores está como en aquellas épocas transpirando a mares frente a la parrilla, las anécdotas parecen no tener fin, hay un orgullo general porque hasta los que no residen en Florida (Gerardo Miqueiro, “Raulito” Icasuriaga, Robert Lemus, el “Gordo” Pereira) se las ingeniaron para venir y alguno que por razones valederas no pudo concurrir hizo llegar su mensaje de nostálgica adhesión. Hubo un recuerdo respetuoso para los que acompañaron en aquella oportunidad pero que ya no están físicamente, como el inolvidable “Puntafina” Suárez, Manuel Alaníz y el colega Sergio Rúben Cortalezzi, integrante del equipo deportivo de La Nueva Radio que trajo a Florida los relatos de periodistas de raza como Juan Francisco Giachetto y Rúben Mario del Castillo.

En aquellos tiempos no había tantos medios vinculados al deporte y, si mal no recordamos, solo Deportodo, El Heraldo, FM Libertador con Pablo Llanes con Gerardo “Macaya” Martinez y un todo terreno de la información como el colega Amílcar Caula estuvimos en la cobertura de los equipos floridenses que participaron.

Fue hermoso haber sido testigo de aquella epopeya que tuvo un líder indiscutible en su génesis y concreción como “Cacho” Mansulino, respaldado por compañeros de un cuerpo técnico esforzado y dirigentes y jugadores que mucho le dieron al club; tanto como haber participado en este reencuentro de deportistas que supieron soñar en grande y tuvieron su recompensa. Seguramente como tantos jugadores y técnicos floridenses que también soñaron, compitieron y no pudieron llegar a la meta pese al esfuerzo. En esos casos siempre nos viene a la mente una frase que oímos en una excelente película como lo fue “Los puentes de Madison” donde el veterano protagonista expresa nostálgicamente: “Los viejos sueños eran buenos sueños.

En su gran mayoría no se concretaron, pero fue hermoso el haberlos tenido”

Perdón por lo extenso, pero nos ganó la nostalgia..….

José Martínez Cayaffa

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