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A quién le importa?

Foto ovación.

Pedro Ramón Clavijo. Equipo RDR. la Colonia.

Vimos los estadios repletos. Somos hijos de tiempos donde el Sur, el Litoral, el Norte o Noreste o el Este, generaban la ilusión de ver la camiseta del pueblo. Era cuando había una sola radio, un par de reporteros con grandes flashes que encandilaban arqueros detrás del visitante. Donde que había que pedir líneas a Antel y poco menos que implorar a todos los santos de poder llegar. De retorno ni hablemos.

Años donde los juveniles viajaban juntos con los mayores con calores insoportables en ómnibus sin aire acondicionado.

Eran tiempos, donde los visitantes salían a las 14 y 30, porque los jugadores salían de trabajar a las dos. Cuando se hacía una parada a mitad de camino, y en algún parque se merendaba; seguro que algo que preparaban las esposas de los mayores y dirigentes. Alguna Coca Cola donada era la bebida.

Había que llegar a las 18 y 30 porque los chiquilines jugaban a las 20. Por entonces los mayores se daban una vuelta por la Plaza pública, hasta que después el bus los recogía e iban a alentar a los más chicos. En esa época, los que hablaban eran los grandes. Los gurises, escuchaban, aprendían y se sentían orgullosos de ir junto a sus ídolos.

Estadio Landoni. Foto Mario Piriz

Los jueces, llegaban callados, lucían impecables trajes, y pasaban desapercibidos, porque no se los veía. La mayoría esperaba en la Comisaría donde se daban un baño y salían al estadio.

Generalmente a la hora de empezar los juveniles, había ya 1000 personas. Después, se llenaba. Sea en la Oribe de San José, en la de enfrente del Monegal, del Campeones Olímpicos, en la Alzamendi del SOL, o en la única grada inmensa del Juan Antonio Lavalleja se respiraba ambiente de fútbol. Ni que hablar en la Plaza de Deportes o el estadio de Juventud de Colonia.

En el estadio Nacional de Nueva Helvecia, Parque Artigas de Carmelo, el Koster de Mercedes, el Liebigs, o el Estadio Artigas era igual. A estos los vi con 4.000 personas, en primera fase y 7.000 en los otros. Mirábamos El País o la Mañana de Montevideo al otro día, y tanto en el Dickinson, como en el Paseo 7 de Setiembre de Artigas, en el Atilio Paiva Olivera, el Ubilla, el Sobrero, el Ginés Cairo Medina el Municipal de Minas, o el Centro Empleados de Comercio era igual.

La tribuna principal del Estadio Artigas

Hoy están todas las comodidades. Omnibus para juveniles y mayores, meriendas, tiempos, cenas. Jueces con intercomunicadores. Gremios que hacen sentir su voz. Cuatro o cinco radios, dos canales, cinco o seis web, periódicos y notable comunicación. Carnet de OFI para entrar, controles, separación de hinchadas.

Hoy Futbolflorida, da los resultados en el mismo momento cuando se juegan los partidos, o los interesados escuchan a sus selecciones desde cualquier parte del mundo.

Veamos. En el Suppici se vendieron 700 entradas el primer partido, 900 el segundo, 400 el tercero y 280 el último. Semifinal con Durazno. En el Casto Martinez Laguarda y Monegal las tribunas de enfrente, sufren en soledad. Nunca más de 100. Hablar con los tesoreros es poco menos que un sufrimiento.

¿Cómo hacen?. “La Intendencia pone, algún aviso, colaboraciones y vaya a saber. Los jugadores que siempre tienen algún incentivo en las entradas. ¡Fíjense los remanentes!

¿A quién le importa?

¿No, será hora de pensar algo. Preguntarse y comenzar a reperfilar, a rediseñar, a cambiar, a poner algún pensamiento en alguna cosa que sea de mayor interés y se adapte a este tiempo?

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Blog de fútbol de Florida y del interior de Uruguay

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