¿Con qué derecho?

Punto neutral

No vamos a volver sobre las deficiencias que en mayor y menor medida, ajustadas a las funciones individuales de cada uno  tuvo el árbitro Eduardo Castillo y sus asistentes en el partido entre  Salto y Melo (Cerro Largo capital) que depositó a los salteños en la final de la Copa de O.F.I. Sobre los acontecimientos generados en la última jugada del encuentro y la (in)decisión en resoluciones tan confusas como cambiantes, dentro de lo que había sido un arbitraje aceptable –quizá debió tener más mano dura a lo largo del juego- ya fueron ampliamente informados y comentados en la edición pasada. Por eso ahora la intención no es la de seguir escribiendo sobre lo ya escrito tratándose de un hecho laudado sino sobre los oportunistas de siempre que sin aportar más que la exhibición del regodeo propio se aprovechan de una situación arrogándose un derecho cuya pertenencia deja dudas. La indiferencia quizás sería la actitud más atinada pero el consentimiento cómplice que otorga en el caso de mantenernos en silencio termina ganándonos la pulseada. Es que a quienes ejercemos el periodismo en el interior –más precisamente en la cobertura de su actividad futbolística– nos rechina ver, oír y leer la preocupación generalizada de los medios montevideanos –deportivos o de información general- cuando en alguna cancha del interior se producen  acontecimientos llamémosle anormales difundiendo lo ocurrido con lujo de detalles sin omitir la inclusión de juicios generalmente descalificadores  como si se tratara de vicisitudes exclusivas de nuestro ámbito “chacarero”.

El “caso Castillo” no escapó a esta norma volviéndonos a producir esa sensación que mencionamos anteriormente. Pero esta reacción no es por querer justificar o negar lo sucedido en Salto – Melo, que a fin de cuentas y sin quitarle el valor, no pasó de errores de procedimientos de gravedad deportiva. Tampoco surge por querer coartar la libertad de prensa (que dicho sea de paso no siempre es bien entendida o bien aplicada). Menos que menos pensarnos dueños de las noticias. Ni querer  apostarnos como paladines de la justicia y más remotamente en asesores de ética. El cuestionamiento a la forma de proceder en un 95% de la prensa “grande” –las excepciones se cuentan con los dedos de una mano y sobran dedos- es que informan, incluyendo imágenes, hasta del gol que hizo el uruguayo Juancito Pérez en la Liga de “Isla de las hormigas coloradas chicas” con la que su club perdió por 5 a 1 –diciéndolo hasta con cara de congoja–pero mostrando una ignorancia total sobre lo que paralelamente ocurre en el fútbol del interior.

No estamos en contra de que nos hagan saber de cómo le va a  Juancito Pérez pero la pregunta es: ¿Las selecciones, los clubes, los jugadores, técnicos y todos los etcéteras que forman parte del fútbol de tierra adentro no son tan uruguayos como Juancito Pérez? ¿Antes de que ocurriera lo generado por Castillo tenían idea que jugaban y por qué Salto – Cerro Largo? ¿Qué motiva la desidia en no interesarse por ese fútbol que da el 90% de esos mismos jugadores que después relatan, comentan, entrevistan, promocionan hasta el hartazgo una vez que llegan al profesionalismo? ¿Con qué derecho esa actitud de detener la mirada únicamente en lo  ínfimamente negativo (y no exclusivo del interior) subestimando o ignorando  el porcentaje restante y más alto que hace a toda su actividad? Una actividad que mueve mucha más gente que el fútbol profesional de entrecasa.

Es de orden reconocer que este es un mal relativamente moderno. Crecimos escuchando los noticieros o leyendo en radios y diarios capitalinos lo que ocurría en los campeonatos de O.F.I. junto con todo lo que hacía al panorama deportivo de nuestro país y del mundo. No faltará quien califique a esto nuestro de complejo de inferioridad. Que lo crean como es habitual y no sólo desde el fútbol, por ese complejo que creen superar creyéndose superiores mirando por arriba del hombro. Tal vez en el rechinar mencionado al entrar en tema se nos fue la mano al involucrar a todo el periodismo del interior de algo que tal vez es una percepción personal. Nos consta que no es un sentir estrictamente individual pero igual, para no generalizar asumimos a nuestra cuenta todo lo  los dicho. Entonces, aunque poco pueda importar, nosotros decimos que la ya citada indiferencia no es más que una actitud de mal talante por tanto nosotros en defensa de nuestro sentir, también aunque poco importe, nosotros cada vez que suceda algo similar lo imitaremos ignorándolo y cada tanto, porque el que calla otorga, saldremos a repetir este punto de vista haciendo uso de ese mismo derecho del que se apoderan aquellos que suelen ver hacia determinado lado a secas cuando hay borrones.

 

Alfredo Zaldúa (Semanario EL ECO/G.I.E.F.I.)

 

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Blog de fútbol de Florida y del interior de Uruguay

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