La Copa está donde tenía que estar.

Escrito con el corazón de Emilia Spinelli

LA «CLAUDIO DEMARCO» ES DE TREINTA Y TRES.
Tuvieron que pasar nueve años, y un montón de cosas más, para que Treinta y Tres vuelva a la Divisional con más prestigio del fútbol de Florida.
La historia tuvo todo, pero el desenlace es el justo. A cuántos jugadores se les habrá cruzado por la cabeza “el pueblo” al disputar cada pelota, las calles, esas que recorrieron para ir al entrenamiento, para ir a la plaza a tomar mate con los pibes, las que recorren cuando andan por ahí…a cuantos de ellos se les pasó por la cabeza la madre, el padre o el abuelo hincha del “treinta” rabioso, el que los llevó a calzarse la camiseta del pueblo. Cuantos apretaron los dientes con rabia en el tercer gol de La Vascongada, porque no, no es justo, esa copa debe ser nuestra, cuántos sintieron la presión en el pecho y el corazón salirsele del pecho cuando Cayaffa contuvo el segundo penal. Estaban ahí, todos juntos, soñando lo mismo.

Casi siempre en el fútbol no hay casualidades, si haces las cosas bien hay un solo camino, el éxito. La joven dirigencia de Treinta y Tres comenzó los beneficios muy temprano, y se dieron el gusto de traer algunos jugadores para dar una manito a los del pueblo, a esos que sienten los colores de verdad, los beneficios no cercaron a lo largo de todo el campeonato, vimos al “chancho móvil” recorrer las calles del Mendoza Chico, las rifas, las tortas fritas y alguna comida que otra, entre muchos más.

Una imagen que vale mas que mil palabras. Fotón de Noelia Regusci

Se la ingeniaron, se hicieron de las ideas porque tenían un sólo objetivo claro, ascender.
Ahora ya no importa la campaña, no importa qué perdió la chance de salir campeón antes, que dio ventaja, que hizo revivir los demás, no importa que en el último partido del campeonato se lesionaron varios, que hubo expulsados, que Cayaffa terminó el partido a puro corazón. Porque Treinta y Tres sabía que tenía más vidas, de eso se trata cuando los resultados te acompañan.
Vas a la cancha y escuchas a los vecinos decir que todos los jueves el equipo se junta a cenar, que festejan los cumpleaños, que están ahí, todos juntos compartiendo un buen momento y pensas “ya son casi familia” y eso de verdad es importante, más cuando a la hora del mate te tenes que ir a entrenar, en vez de estar al lado de la estufa vas al frío de la cancha, cuando los domingos comes solo y apurado, cuando la familia está junta y ellos calzan el bolsita en el hombre y salen para la cancha, es importante tenerle confianza a tus compañeros, y que todos estén cinchando para el mismo lado.

Las cuatro manos del ascenso. Cayaffa y Silveira. Foto Noelia Regusci

Es muy especial este ascenso porque lleva el nombre de quien quiso darle una mano al Club desde adentro, quien quiso ser vice presidente, y se calzó la camiseta del pueblo que lo recibió con los brazos abiertos, y lo despidió con el mismo amor que lo recibió.
Cuanto de místico tuvo este campeonato? Cayaffa vino a dar una mano porque Silveira se fue, y terminó siendo el héroe, podría contarse como una leyenda que “el pelado” estaba atrás de él diciéndole para dónde iba el tiro, que fue quien le desvió la pelota con destino al arco de Vazquez, y a Rivero en el último penal, porque el sabía del esfuerzo, y quería que ese homenaje estuviera en las vitrinas de la Sede del pueblo.

Alegría, emoción y mucho mas. Foto Noelia Regusci

Hoy 11 hombres jugaron por un ascenso y por el honor de tener en sus cosechas deportivas una copa con un nombre significativo para el Club y para Mendoza Chico.
Hoy 11 hombres salieron a la cancha para demostrar que nada fue en vano.
11 hombres y un ángel.
Hoy el pueblo entero está de fiesta, y dos almas se mezclan entre la multitud, cantan, gritan y bailan a la par de los suyos, de los amigos de siempre, de aquellos que los tuvieron que despedir pero no del todo, no para siempre, porque viven en sus recuerdos y en su memoria, siempre estarán.

Martinez alzó la Copa al cielo, para ellos y los abrazos en la cancha llegaron hasta el infinito, Juan Manuel y Claudio se abrazaron entre sí, y festejan juntos.

La Copa al cielo. Foto Noelia Regusci
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