
Selección de Nueva Palmira (Foto: Marcelo Gaona)
Soy asiduo seguidor de Fútbol Florida considerándola una página seria y responsable. Sé del trabajo que significa recoger tanta información para estar poco menos que al instante con toda la información pero, me hallo en la obligación de corregir algunos conceptos aparecidos en la información del partido Nueva Palmira – Young.
No entraré en detalles sobre el comentario del partido en sí mismo porque, en esta circunstancia, no es lo más importante. Sí en lo que se refiere a los párrafos dedicados al comportamiento de hinchadas e incidentes.
La «barra brava» de Young -censurada por los mismos dirigentes yougnenses y puedo decirlo con propiedad- no sólo ingresó «a prepo» sin pagar entrada en su gran mayoría sino que debieron ser desalojados de donde primariamente se habían ubicado. En ese ínterin no sólo demostraron su descontento movilizándose agresivamente al punto que agredieron al mismo presidente de la LIGA DE YOUNG, Sr. Chepi, (empujones, un golpe de puño, agresión verbal de parte del supuesto jefe quien reclamaba por los $15.000 que se había gastado en bombas y que la Liga no les había aportado ni un peso) lo que produjo el obvio descontento de los dirigentes presentes o vinculados a esta Liga. La dirigencia de la Liga Palmirense estuvo atenta prestando todo el apoyo a los dirigentes visitantes. Consumieron chorizos (a la bebida la traían puesta y no gaseosa precisamente) y también la mayoría no pagó.
Cuando se movilizaron se ubicaron detrás de uno de los arcos, el de la entrada, la única de las cabeceras que permite que se pueda ubicar público, lugar que, en un sector muy reducido, habitualmente ocupa la también reducida batucada palmirense que todavía no estaba en la cancha.
Como verdaderos artistas circenses algunos de ellos se metieron por sobre el alambrado olímpico dentro del predio con el fin de colocar las banderas («los trapos» en su lenguaje), cosa nada sencilla en el «Evelio Isnardi».
Advertidos de esto fueron retirados por los guardias de seguridad que procedieron de inmediato y apenas observaron el hecho.
Al rato, llegó la batucada palmirense, no más de diez personas y todas con instrumentos. La de Young superaba la treintena donde sobraba gente y faltaban instrumentos.
Al llegar los palmirenses que ni siquiera reclamaron el lugar e incluso estaban en silencio acomodándose para el partido de mayores, empezaron a recibir insultos y fueron atropellados por los yougnenses que llegaron a arrebatarles los bombos y redoblantes -instrumentos que suelen portar-, para, posteriormente a las escaramuzas obvias de cualquier acto de substracción, devolverlos rotos como diciendo «aquí los tienen pero tocar no van a tocar.» Tal fue la acción y sorpresa que los palmirenses se fueron.
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Cuando se sentía que la barra de Young iba llegando a la cancha tuve oportunidad de preguntarle al delegado de Sub 18 si en la actividad local esto era común y me respondió que directamente no entraban, a lo que le contesté que en la Liga Palmirense también se aplicaba el derecho de admisión, incluso que la que se hacía presente en alguna oportunidad que jugaba la selección, lo hacía pagando entrada ya que la Liga no otorgaba entradas de favor ya que muchas veces los bien intencionados pagaban los platos rotos -y con ellos la Liga- por infiltrados que, haciéndose pasar por integrantes de la batucada «garroneaban» entradas o, lisa y llanamente, se metían entre el grupo con el único fin de distorsionar o, hablando claro, «armar relajo».
Posteriormente, culminado el partido de Sub 18, pude oír a los dirigentes y personas vinculadas a la Liga de Young decir de su malestar por esta gente que no los representaba en nada, del proceder que había tenido con su presidente, del querer armar lío con gente que se comportaba correctamente (involucraba a toda la parcialidad, dirigentes, etc., locales), que en Young no se «hacen los vivos» y así sucesivamente.
Con respecto a las parcialidades no hay nada para decir porque al igual que cuando Nueva Palmira de local con Fray Bentos, como con Mercedes y Paysandú de visitante, los espectadores estaban entreverados, cada cual manifestándose dentro de lo correcto y que hace al fútbol, sin que se produjera ningún inconveniente, ni antes, ni durante, ni posterior a los partidos, porque aunque no parezca esto es posible y lo estamos comprobando.
PUEDO GARANTIZAR, PORQUE ESTUVE EN LA CANCHA DESDE TEMPRANO Y HASTA MUCHO RATO DESPUÉS DE CONCLUIDO EL PARTIDO, QUE NINGUNA FAMILIA SE ALEJÓ DEL ESPECTÁCULO. EL MILLAR DE ESPECTADORES QUE ESTABAN PRESENTES, INCLUIDOS LOS REVOLTOSOS QUE VIAJARON DESDE LEJOS A «ALENTAR» A LA ALBIRROJA, PERMANECIÓ HASTA EL FINAL VIVIENDO LOS PARTIDOS DE LA MANERA QUE SE TIENE QUE VER UN PARTIDO DE FÚTBOL Y SIN QUE SE PRODUJERA NADA ANORMAL, SALVO LO YA y TAL CUAL LO HE COMENTADO.
La única nota disonante la dio la «barra brava» de Young que, deduciendo lo que decía una de las banderas que portaban -la más grande- se identifican como LOS BORRACHOS.
Por supuesto que quede claro que este grupo de energúmenos no es representativo de la población de Young. Tampoco este porcentaje ínfimo, por un comentario errado, puede enchastrar a las parcialidades que de ambas ciudades y en buen número en los dos casos, estuvieron presentes.
Que en todos lados se cuecen habas pero, la Liga Palmirense -y atención que aquí no estoy juzgando a la de Young que nada tenía que ver en este asunto- ha sabido tomar las precauciones con relación a este tipo de grupos que, contrariamente a otras épocas, han perdido la verdadera razón de ser como alentadores y de dar la nota colorida a los espectáculos.
Por lo tanto, sabedor de que la página de GIEFI también es compartida por FútbolFlorida, en un acto de aunar esfuerzos por difundir lo mejor y censurar lo despreciable, solicito oportuno que se corrijan algunas de las precisiones equivocadas por quien aportó la información y que me he encargado de corregir líneas arriba, hechos de los que con propiedad puedo dar fe.
Alfredo Zaldúa (GIEFI/Nueva Palmira)