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El abandono de Rivera Interior: un golpe bajo a la credibilidad del fútbol del interior
Irreponsabilidad dirigencial en Vichadero
Nuestro fútbol del interior se precia de ser el bastión del sentido de pertenencia y el sacrificio. Sin embargo, lo sucedido en la última fecha del Regional Litoral con la selección de Rivera Interior (Vichadero) no es solo una mancha deportiva; es un acto de irresponsabilidad dirigencial que hiere de muerte la seriedad de la Organización del Fútbol del Interior (OFI).
Una decisión que altera las reglas del juego
La decisión de no presentarse a disputar la última jornada —bajo el argumento de falta de presupuesto o de chances deportivas— es una falta de respeto a las demás selecciones. En un torneo de series, donde la clasificación se define por puntos y diferencia de goles, la deserción de un equipo adultera la competencia.
Al no jugar, Rivera Interior no solo regala los puntos, sino que decide, desde un escritorio en Vichadero, quién clasifica y quién queda fuera, privando a los rivales directos de las otras selecciones de la paridad competitiva que debe reinar en una cancha. ¿Con qué cara se mira a los jugadores y ligas que invirtieron hasta el último peso para competir honestamente hasta el final?
La pobreza de la gestión: dirigentes que no están a la altura
La pregunta es obligatoria: ¿Para qué se inscriben si no pueden terminar el proceso? La conducción del sector Rivera Interior ha demostrado una alarmante falta de previsión. Una selección no es un cuadro de amigos que se junta cuando tiene ganas; es la representación de un pueblo y de una liga afiliada a la máxima autoridad del fútbol del interior. Los incidentes previos (como los siete expulsados en el partido contra Guichón) ya daban señales de un plantel y una dirigencia desbordados. Retirarse por la puerta de atrás es la confirmación de que quienes llevan el timón no comprenden la responsabilidad institucional que ostentan.
¿Qué medidas debe tomar OFI?
Si la OFI pretende mantener el prestigio de la 22ª Copa Nacional de Selecciones, la respuesta no puede ser un simple «borrón y cuenta nueva». El reglamento debe aplicarse con el máximo rigor para evitar que este precedente se convierta en una táctica recurrente.
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Sanción económica ejemplar: La multa debe ser lo suficientemente gravosa para que el sector lo sienta en sus arcas. El reglamento prevé multas por incumplimiento de partidos televisados, pero aquí hablamos de la integridad del torneo.
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Suspensión de participación: Rivera Interior debería ser suspendido de las próximas ediciones de la Copa Nacional. No se puede premiar con el regreso inmediato a quien decidió abandonar el barco a mitad del río.
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Pérdida de derechos de voto y aportes: La liga debería perder sus privilegios dentro de la organización hasta que no garantice por escrito la solvencia financiera y operativa para futuros torneos.
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Adjudicación de Puntos (Walkover): Aplicar el resultado reglamentario de 3-0 a favor del rival de turno, pero con un informe lapidario al Tribunal de Penas sobre la conducta de los dirigentes responsables.
Que no haya «amnistía» electoral
El mayor temor de quienes exigen justicia deportiva es que la sanción a Rivera Interior termine siendo una moneda de cambio. No sería la primera vez que vemos cómo la Organización del Fútbol del Interior se transforma en un tablero de ajedrez político.
Cuando se acercan las elecciones de autoridades en la OFI, los votos de cada sector pesan tanto como los goles en la cancha. Es ahí donde puede aparecer la figura de la amnistía o el levantamiento de penas: una «atención» por parte de los ejecutivos de turno para asegurar el apoyo de las ligas sancionadas.
El costo de «comprar» votos con impunidad:
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Jurisprudencia del caos: Si a Rivera Interior se le perdona la deserción por un interés electoral, se le da luz verde a cualquier otra selección para que abandone el torneo cuando se quede sin plata o sin chances, sabiendo que «negociando el voto» no habrá consecuencias.
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Desprecio por el interior profundo: Se llena la boca hablando de descentralización, pero se termina favoreciendo a la dirigencia inoperante por encima de los clubes y jugadores que sí cumplen.
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Muerte del Fair Play: La competencia deja de ser deportiva para ser puramente administrativa. Los campeonatos se empiezan a ganar en los pasillos de las sedes sociales y no en el césped.
Cuando el silencio se vuelve cómplice
Durante mucho tiempo, el fútbol del interior ha mirado para otro lado. Se han extinguido penas, se han omitido fallas reglamentarias y se ha aceptado la precariedad bajo el disfraz del «esfuerzo amateur». Pero lo de Rivera Interior en esta edición del Litoral es la gota que derramó el vaso.
Ya no se trata de si la pelota entró o no; se trata de la integridad de la palabra empeñada. Cuando un sector se inscribe, firma un compromiso con sus pares. Romperlo por conveniencia o incapacidad es traicionar la esencia misma de la OFI. Mantenerse al margen ya no es una opción para quienes queremos un fútbol serio:
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Basta de dirigentes «golondrina»: Que aparecen para la foto del debut y desaparecen cuando las papas queman.
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Basta de amiguismo electoral: Si la sanción a Vichadero se negocia por un voto en el próximo congreso elector, se habrá firmado el acta de defunción de la justicia deportiva.
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El destino es el desarrollo: Si no pueden cumplir con las exigencias de la Copa Nacional, su lugar está en los torneos de formación hasta que demuestren seriedad.
La paciencia del hincha, del jugador que deja su trabajo para viajar y de las ligas que hacen malabares para pagar los jueces, se terminó. OFI tiene hoy la oportunidad histórica de actuar como una institución de verdad o de seguir siendo una oficina de favores políticos.
Vichadero nos puso frente al espejo de la peor cara de nuestro fútbol. Es momento de que las autoridades decidan si van a limpiar el vidrio o si van a seguir permitiendo que la mancha se extienda.
En conclusión: Si la OFI permite que el interés electoral de sus dirigentes esté por encima de la obligatoriedad de cumplir los calendarios, la Copa Nacional de Selecciones dejará de ser el «torneo más puro» para convertirse en un simple desfile de favores políticos. La deserción de hoy debe ser la sanción de mañana, sin escalas «ni negociaciones bajo cuerda».
Y además
El fútbol del interior vive de la pasión, pero no puede sobrevivir sin orden. Lo de Rivera Interior es un insulto al público, a los patrocinadores que confían en el producto y a los futbolistas que se rompen el alma en cada cancha. Si OFI no actúa con mano de hierro, el mensaje será claro: en nuestro fútbol, cualquiera puede tirar la toalla cuando se cansa, y la ética deportiva es, lamentablemente, opcional.
