El VAR de la polémica

Críticas en la Copa América

Por Ezequiel Fernández Moores de La Nación

El VAR de la Copa América (inclusive el que no se utilizó anoche contra Brasil) abrió críticas.

El sistema que congela emociones decidió tres partidos de cuartos de final con goles gritados inútilmente por jugadores, hinchas y relatores. La confirmación de que nos han cambiado el fútbol. «Una multitud -se lamentó el dramaturgo brasileño Ruy Castro- transformada por una máquina en idiotas de la objetividad».

El VAR nos habría dejado sin «la Mano de Dios» que hoy luce en la Galería de Idolos Populares de la Casa Rosada. Le habría ordenado a Obdulio Varela, héroe del Maracanazo, que no había offside y que entonces dejara de hacer tiempo tras el primer gol inquietante de Brasil. ¿Qué puerta de vestuario habría pateado Julio Grondona (como lo hizo con la del peruano Alberto Tejada tras la mano del brasileño Tulio en la Copa América de 1995) si los árbitros VAR salen ahora de una oficina a la combi que los lleva directo al hotel? Son árbitros que ven «líneas y vectores» y establecen de modo «fáctico» si hay offside.

Hasta que no cambie el reglamento, no importa si es de un metro o de un milímetro. Es offside.

«¿Qué se estará haciendo tan mal como para que alguno ya empiece a pensar qué lindo era el fútbol cuando era injusto?», se preguntó el colega Jorge Trasmonte en Olé. «El ‘suspenso’ que provoca el VAR -dijo el filósofo César Torres en El Equipo, Newsletter de Deportea- es un precio módico a pagar por un arbitraje y un fútbol más justos». Todavía hay mucho por mejorar. Y saber que el factor humano, como pudo haber sucedido anoche, siempre estará jugando.

El Vélez-Huracán de 2009 y la Copa América de Brasil repiten como línea a Hernán Maidana. Puede equivocarse. Con o sin VAR. Pero nadie sospechará jamás de él.

El VAR, cuestionan algunos, es una imposición del negocio que no quiere más «errores». El fútbol que renuncia a seguir siendo refugio de cierta locura. Primitivo y salvaje. Y se rinde a la globalización. Pero ese mismo VAR es el que también protegió días atrás a Venezuela ante Brasil, anfitrión poderoso. Es un VAR, eso sí, que se aplica en el campo de juego, jamás dentro de ciertas oficinas. Y que, tal vez, puede servirle al poder para disimular su habitual obscenidad.

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