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La violencia está entre nosotros
Publicado por José Martinez Cayaffa en El Heraldo
A nuestro lado pasan dos niños (¿9, 10 años?) convidándose mutuamente para ir a tirarle piedras al ómnibus de ellos. ¿precoces delincuentes? Humm… a esas edades aún se siguen los ejemplos de mayores, sin dicernir totalmente el bien del mal. Mientras tanto en los alrededores del vestuario rochense sigue un demencial espectáculo.
Jóvenes pegándole a jóvenes arteras patadas en el suelo, mayores incitando, hasta garroneando si se da la chance. La seguridad privada que deja establecida su impotencia para afrontar éste tipo de marco de incidentes, desde el momento que no tiene las atribuciones (no concita el respeto) de los uniformadas. Afuera, padres y aficionados le cuestionan a un referente de la docencia arbitral como Juan Alberro la sanción del penal de Ruben Garro (para nosotros junto a Otaiza los mejores del interior) por cobrarlo desde muy lejos, sin detenerse a pensar lo evidente de la falta.
La Policía demora en ingresar el perímetro de la cancha (¿?) y no se de abasto, porque también hay pedreas sobre los aficionados rochenses ubicados en la Amado Fleitas. Cuando los jueces intentan ingresar a los vestuarios reciben pelotazos, salivazos y toda la gama mas baja de insultos.
Y que no nos vengan ahora con que fue una reacción hasta entendible por lo que acaban de perder (injustificadamente) en lo deportivo, tampoco por un desborde imprevisto, y menos aún que se intente justificarlo.
El fútbol floridense se está acostumbrando peligrosamente a convivir con la violencia, al punto de que algunos sectores de opinión no paran de encontrarle justificativos a lo injustificable. Y, mucho mas grave aún, se sigue sin arbitrar medidas para frenar ésta pandemia. Y si no hagan memoria de aquella vergüenza en el Supicci con otra Sub 18, varias eliminaciones de selecciones juveniles que han terminado en bochorno, la asonada de un tiempo atrás en cancha de Mendoza por una Liguilla del ascenso, la final de la pasada temporada entre Nacional y River Plate.
Alguna vez nos criticaron por preguntar si se estaba esperando que el fútbol floridense llorara su primer muerto para que luego se tomaran recaudos. Los que no estuvieron el sábado en el Campeones Olímpicos no saben lo cerca que estuvimos de una fatalidad; pero vamo’ arriba: dividamos la culpa entre Garro y la irresponsabilidad del arquero rochense con su agresión y sigamos pensando que somos los perseguidos del fútbol del interior
