Copa nacional de Selecciones
Las claves del éxito de Salto
SALTO ES EL REY DEL INTERIOR
Competencias de ONFI y OFI son dominadas por los albirrojos del Litoral que en Sub 13, Sub 15, Sub 18 y Mayores, arrasaron con cuanto campeonato tuvieron a su frente sin olvidar de lo que ha sido Ferro Carril que también estuvo definiendo pasadas ediciones de la Copa de Clubes.
Al respecto, un interesante artículo escrito por Eleazar Silva en «El Pueblo» indica su percepción en cuanto a la causalidad del éxito salteño.
Silva se pregunta ¿la selección va transformando el fútbol «guerrero» de Salto?
De tantos años en el tiempo, el fútbol salteño se posicionaba en un concepto básico a partir de quienes lo definían. Y acaso una palabra, por sobre todas, para tornar elocuente su actitud en la cancha: guerrero. Más allá de algunas piezas fulgurantes desde lo técnico a lo intelectual, este fútbol pareció apropiarse del temperamento y de los fuegos espirituales, para alcanzar algún rédito consagratorio.
Si se repasa la historia de las selecciones de mayores de Salto, las conquistas han sido aisladas. Solo de vez en cuando, llegar a la cima fue propósito, mientras que las décadas de los 80 y 90, a todas luces escuálidas. El Salto Campeón en 1982 y el Salto Campeón en 1994. Décadas consumidas, en medio de la desolación de la derrota enquistada.
El fútbol de Salto, no dejaba de exponer el repertorio limitado a la hora de JUGAR, mientras que el METER, pareció incrustarse en la realidad de los hechos. Y los hechos no siempre se convirtieron en aliados de los sueños. Más de una temporada, con los sueños aterrizando, inertes.
LA VIDA QUE VA CAMBIANDO….¿Y ESTE FÚTBOL TAMBIÉN?
De última nomás, los casos de Ramón Rivas (mayores), Jorge Noboa (Sub 18) y Sergio Ramos (Sub 15), algo más que señales en la introducción y práctica de argumentos, que escasa relación tienen con aquella impronta del «fútbol guerrero».
Las tres selecciones, sin ir más lejos, se alejan de la tradición y la prioridad primero que todo, es el respeto hacia la pelota, evitar el desprecio de la idea más o menos estética e igualmente eficaz. Las estrategas parecen coincidir en una saludable tendencia a «modernizar» el fútbol salteño DESDE LA SELECCIÓN y en verdad, el producto rentabilizó.
No se es campeón en las tres categorías, solo exponiendo el corazón bizarro y la energía combativa. Salto ha prevalecido, justamente, POR JUGAR MEJOR. Y desde esa llana expresión, bien a la medida del entendimiento, es posible captar el paladar de los técnicos y sobre todo, LA IDENTIFICACIÓN DE LOS JUGADORES a partir del objetivo.
Cuando en la selección de mayores se ha podido descubrir un pelotazo sin destino elaborado, el impacto visual surge. En cierta medida, de dos años a esta parte, nos hemos habituado a una línea argumental, que dista de aquellos combinados que solían escudarse en el «vamo y vamo», consecuencia inevitable de un mandato: más correr que pensar.
DESDE LA CONVICCIÓN
Las selecciones salteñas, fueron distinguiendo un poder superior, a partir de una mecánica vital. ¿Cómo renegar de los Preparadores Físicos de las tres selecciones? Salto no solo es campeón desde la técnica y el concepto, es igualmente DESDE LA APTITUD ATLÉTICA-FÍSICA.
Que quede claro: para los rivales, fue siendo un cuesta arriba sostener el ritmo de Salto o bancarle la continuidad de movimientos.
En el plano individual, un caso notable es el de Fabio Rondán, toda una topadora bajando y subiendo, mientras cabe preguntarse cuantos piques de Alexander Píriz en todo el campeonato, más ese final de no creer por Javier Gómez.
Salto es el campeón desde una convicción básica. Pero sobre todo, a partir de una coherencia en el pensamiento de cada uno y en el sentido estricto de ejecución.
Que quede en claro: teoría y práctica. Las selecciones no someten el estímulo del temperamento, de la rebeldía bien entendida, pero la prioridad se ha vuelto JUGAR PARA GANAR. Jugar desde la jerarquía superior, cuando el control de la pelota surge y el operativo de construcción gana espacios. Aquella guerrera tradición se va cayendo por la banquina, mientras pasa a relucir un guión a favor del fútbol-fútbol.
El fútbol que no pretende apartarse de la saludable pretensión de jugar para vencer. El abanico se amplió. Generosamente.
Y no por una cuestión de soplido circunstancial. Más bien, desde el compromiso.
O desde la certeza misma. La rescatable certeza.

