FÚTBOL PROFESIONAL
«No hay muchos futbolistas que sepan jugar al fútbol».
ANGEL CAPPA FUE CLARO Y CONTUNDENTE
En reconocido Entrenador argentino, de vasto recorrido internacional que también fuera asistente de Menotti, expresó a La Nación que no hay mucho futbolistas que sepan jugar fútbol.
En la nota realizada por Cristian Grosso de La Nación, Cappa analiza y comparte su trayecto de vida donde aborda diversos temas.
Quería entender qué pasaba en el mundo. Por eso comenzó a estudiar filosofía y psicología en el Instituto Juan XXIII de Bahía Blanca… Además, las rodillas le habían avisado a ese volante central de Olimpo que no podría confiar en ellas.Ángel Cappa dio clases en colegios secundarios hasta septiembre de 1976. Y se marchó. Con un compañero de militancia empezaron a recorrer Madrid en el exilio, y en una hojita llevaban anotados los nombres que les podían dar una mano. El primero fue Lautaro Murúa, el actor chileno, que lo puso en contacto con un señor que le encargaba resumir capítulos de libros en la Biblioteca Nacional. Más tarde Cappa vendió lámparas, llevó la contabilidad de una fábrica de muebles. «Mi lugar en el mundo es mi infancia, Villa Mitre, Bahía Blanca . Eso se lleva para siempre. Me siento muy cómodo en Madrid, mi mujer es madrileña y tengo hijos que también lo son. Pero mi lugar es ese, por cierto, un lugar que ya no existe, porque el barrio está, pero es otro», evoca.
Vaya sí lo marcó la infancia: fue entonces cuando eligió en qué equipo quería jugar. «Nunca olvidaré la primera lección que recibí en el fútbol. Jugaba en el baby, salimos campeones y uno de los partidos lo ganamos 17 a 4, pero el técnico nos dijo que habíamos sido un desastre. Ahí dije, ‘ahhh, mierda, entonces no solo vale ganar’. Por entonces, ese era un concepto general; por ejemplo, no se podía revolear la pelota. Se le daba valor al juego porque el juego te daba prestigio, seguridad. A través del juego encontrabas el placer y la belleza, que en otro lado era muy difícil porque la gente pobre no iba al teatro ni escuchaba buena música. Le tenías que dar la pelota a un compañero, de lo contrario te mandaban al arco». Filosofía en carne viva.
-¿Hacia dónde va el fútbol?
Me voy a valer de Eduardo Galeano para responder: ‘El fútbol es un triste viaje del placer al deber’. Absorbido por el negocio, impregnado por los valores del negocio, el juego se dejó de lado. De todos modos, hay excepciones, pero en general el juego interesa cada vez menos. La gente, los periodistas y los futbolistas saben cada vez menos del juego. Se va a lo que se considera un trabajo, y ahí, lo único que vale es ganar. La gente es cada vez menos exigente, pero cuando aparece un equipo como el Racing del 98 o Huracán en 2009, la gente enseguida se identifica, quiere decir que esa sensibilidad está esperando estímulos.
-¿Quiénes son las excepciones?
-Me gusta el Ajax, que tiene una propuesta hermosísima, gente joven, sin experiencia todavía, y lamentablemente lo van a desmantelar. El Ajax tiene una línea de juego desde Rinus Michels, y de ahí no salió nunca. Ha tenido camadas regulares y muy buenas, pero nunca perdió su línea. Sigue un credo. Y también me gusta el Manchester City, a pesar de no tener grandes jugadores. Salvo de De Bruyne, Sané, el ‘Kun’ Agüero y David Silva, los demás son jugadores más o menos, a lo sumo son buenos, pero nada más.
Vive a unas 15 cuadras del estadio Bernabéu. Disfruta debatir de fútbol en Radio Onda Cero. Nada de redes sociales: «¿Para qué? ¿Para contar qué pienso desayunar? Nooo, son estupideces. Bueno, que cada uno haga lo que prefiera, yo solo no participo», aclara. ‘También nos roban el fútbol’, fue su ¿último? libro. «Tengo un montón de apuntes que no me animo a empezar, porque pienso: ‘¿y para qué?’ Empiezo y me desanimo, pero seguramente lo haré», confiesa. Mientras, por estos días lee algunas obras que le regaló su autor, el catedrático Atilio Borón.
-Si el fútbol es de los jugadores, ¿cuál es el auténtico valor del técnico?
-El entrenador es muy importante, y cada vez más porque no hay muchos futbolistas que sepan jugar al fútbol. El entrenador tiene que enseñarles, nada menos, cómo se juega a este deporte, y a partir de ahí, ayudarlos a ser cada vez mejores, a que entiendan cada vez más el juego, a que perfeccione la técnica. Después, que despierte un compromiso colectivo a favor del juego. Y también, que invite a respetar lo que significa el fútbol, respetar lo que hicieron los grandes jugadores y los grades equipos. Nosotros debemos ser herederos de todo eso, lo que no quiere decir que siempre salga bien, porque el rival juega y porque hay jugadores a los que no les da el cuero.
-«El maestro no enseña nada, ayuda a aprender al alumno», ha dicho usted. ¿Quíén ha sido su mejor aprendiz?
-Dar nombres…, es muy difícil. Prefiero contar algunas experiencias. En el Racing del 98, después de un táctico, vino Pablo Michelini y me dijo ‘Ángel, no entendí algo, a ver si me lo aclara’. Y se fueron incorporando paulatinamente todos los jugadores sin que los llame nadie. El ‘Mago’ Capria, Latorre, Úbeda, el ‘Chelo’ Delgado, y empezaron a hablar; hablaba uno, el otro, hablaba yo, volvían a hablar ellos. y cuando terminamos, les dije ‘mañana no daré la charla técnica porque hoy la dimos entre todos’. Y ese fue uno de los días más felices de mi carrera como entrenador.
-No es frecuente que el futbolista se involucre tanto.
-He tenido suerte. Cuando al jugador le hablás y le tocás la fibra, reacciona. Le decís, ‘yo quiero que juegues para que seas feliz, yo soy un compañero tuyo, y solo como tengo más experiencia, trato de ayudarte’. El jugador eso lo celebra. En el Huracán de 2009 yo tenía que echar a varios jugadores del entrenamiento, porque no se iban nunca. A Bolatti lo tenía que echar, por ejemplo. Como a Redondo, en Real Madrid, lo mismo. Y el máximo placer es cuando los jugadores te sorprenden y te superan. En Sudáfrica íbamos ganado un clásico 1-0, de visitantes; faltaban 20 minutos y hago un cambio: pongo a un volante y le digo, ‘juntate para tener la pelota, esto ya está resuelto’. Entró, el juego lo llevo a no darme pelota e hizo dos goles. Fue genial, yo me sentí muy bien, esa es una gran satisfacción, quiere decir que el jugador fue asimilando y creciendo y supo leer lo que el juego le permitía hacer.
