FÚTBOL PROFESIONAL
Rosario Martínez: El Guardián de una Filosofía Innegociable
A veces el fútbol, en su prisa por lo nuevo, comete el pecado de la amnesia. Hablar de Rosario Martínez es evocar a un hombre que hizo de la frontalidad su bandera y del convencimiento táctico su religión. Nacido en Santa Lucía, donde dio sus primeros pasos en Wanderers, Rosario terminó adoptando y siendo adoptado por Florida, dejando una huella que hoy, más que nunca, es necesario reivindicar.
De Santa Lucía al Corazón de Florida
Aunque sus raíces están en el «Marcelino Briano», su carrera como futbolista lo trajo a Florida para defender la de Quilmes (Campeón del Interior)y, por supuesto, la camiseta de la Selección de Florida (Campeón del Sur y finalista del Interior). Fue en el campo de juego donde empezó a gestarse ese técnico analítico, capaz de leer el partido tres jugadas antes que el resto.
Su transición al banco de suplentes fue natural. En sus inicios como entrenador, marcó una época en Atlético Florida, demostrando que la seriedad y la planificación no eran exclusivas del profesionalismo capitalino.
La Conquista de Montevideo y el Altiplano
Rosario no tardó en llevar su libreto a las ligas mayores. Su paso por Fénix es, quizás, uno de los capítulos más brillantes del equipo de Capurro: bajo su mando, el «albivioleta» no solo se volvió un rival temible, sino que logró clasificaciones históricas a copas internacionales, compitiendo de igual a igual en el continente.
Pero su ambición lo llevó más allá de fronteras. En Bolivia, dejó una marca imborrable en el Guabirá . Fue precisamente allí donde comenzó la carrera profesional de otro gran referente del departamento, Jorge Giordano (hoy director deportivo de la Selección Uruguaya), bajo el ala de Rosario. También en el Real Potosí dejó su impronta, acompañado por otro floridense de ley, Gerardo Miqueiro, exportando esa «escuela de Florida» a las alturas de Bolivia.
Un Estilo, Una Vida
Lo que siempre distinguió a Rosario fue su estilo particular. Jamás fue un hombre de medias tintas. Frontal hasta la médula, defendió su «filosofía» —tanto futbolística como de vida— contra viento y marea. Para él, el orden no era una opción, era el cimiento sobre el cual se construye la libertad del jugador.
Rosario Martínez pertenece a esa estirpe de entrenadores que no solo daban indicaciones, sino que daban lecciones. Convencido de sus métodos, prefería la honestidad brutal al aplauso fácil.
¿Nos olvidamos de su legado?
El legado de Rosario no está solo en las vitrinas o en las tablas de posiciones. Está en la disciplina de los jugadores que formó, en la visión profesional que imprimió en cada club que pisó y en la memoria de aquellos que valoran el fútbol serio y con identidad.
Florida y Santa Lucía comparten el orgullo de haber visto crecer a un técnico que nunca traicionó sus principios. Rosario Martínez es el recordatorio de que, en el fútbol, el mayor triunfo es ser fiel a uno mismo.

Rosario Martinez -de rojo- Jorge Benoit y Gerardo Miqueiro. Abajo Gerardo Pelusso y Juan J Tito en un reencuentro de amigos
El «Cuerpo Técnico de Hierro»: La Conexión con Giordano y Miqueiro
Si algo definía a Rosario Martínez era su lealtad a los suyos y su capacidad para detectar no solo buenos jugadores, sino también grandes estrategas. Esa visión lo llevó a rodearse de hombres de confianza, floridenses de pura cepa, que compartían su rigor y su pasión.
La Semilla de Jorge Giordano
Fue en el Guabirá de Bolivia donde se gestó uno de los vínculos más fructíferos para nuestro fútbol. Rosario confió en un joven Jorge Giordano para que diera sus primeros pasos profesionales a su lado. Bajo el ala de Martínez, Giordano absorbió esa metodología de trabajo incansable, la importancia del análisis táctico y la seriedad en la gestión de grupos.
Lo que hoy vemos en la exitosa carrera de Giordano —su capacidad de gestión y su visión integral del fútbol— tiene mucho de aquel aprendizaje inicial en el Altiplano, donde Rosario le enseñó que el fútbol profesional no permite improvisaciones.
Un amigo de Ley: Gerardo Miqueiro
En su aventura por el Real Potosí, Rosario no estuvo solo. Lo acompañó Gerardo Miqueiro, otro nombre indisolublemente ligado al sentimiento de Florida. Juntos, formaron una dupla que se plantó en la altura boliviana con la misma autoridad con la que caminaban por la calle Rodó. Miqueiro no era solo un asistente; era el apoyo moral y técnico de un Rosario que, a miles de kilómetros de casa, seguía convencido de que su «filosofía» era universal.
Más que un Cuerpo Técnico, una Escuela
Para Rosario, trabajar con Giordano y Miqueiro no era una simple cuestión de cercanía geográfica. Era una escuela de vida. Juntos demostraron que:
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La procedencia no limita el destino: Salidos del fútbol del interior, conquistaron estadios internacionales.
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La frontalidad es un valor: Los tres compartían ese estilo directo, sin filtros, que a veces incomodaba pero que siempre generaba respeto.
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El legado se comparte: Rosario no guardaba sus secretos; los transmitía a sus colaboradores, asegurando que su forma de entender el juego perdurara en las siguientes generaciones.
