colonia
Quién te ha visto y quién te ve (I)
Según pasan los años
Corría el año 1981, más precisamente fines de agosto, y mi actividad periodística vinculada a la radio me llevó a emigrar de Radio Carmelo –donde me había iniciado en 1978 cuando en Nueva Palmira aún no había emisora- a relatar en Radio Real de Colonia teniendo que cubrir el espacio que venía ocupando, nada más ni nada menos que al entrañable Gino Walter Armani quien circunstancialmente se había retirado de la emisora a la que, afortunadamente para la audiencia, posteriormente volvería a retomar el micrófono desde donde con elevada profesionalidad llevó adelante una dilatada trayectoria transformándose en un indiscutible referente del relato futbolístico. En ese ínterin por la capital coloniense que radialmente me hizo ser parte de las dos últimas fechas del campeonato local en el que fue campeón Sarandí, el departamental de selecciones y el de la Confederación del Sur 81/82, por esa tendencia que en aquel momento tenían las por entonces dos emisoras de la capital departamental (Colonia y Real) de dedicar sus emisiones, toda en el caso de la primera y parte de ellas en la segunda, apuntando al quehacer bonaerense, accedí a una revista argentina que hacía una cobertura completa exclusivamente dedicada al fútbol del ascenso, léase divisionales B, C y D. ¿A qué viene esto? A que ahí fue donde tuve conocimiento de la existencia del club Defensa y Justicia de Florencio Varela que en esa época competía en la D.

Festejo de Defensa y Justicia. Foto Marca Claro Argentina
Dentro de ese relacionamiento con la capital porteña, Radio Real –regenteada en esos momentos por José Luis Paladino- tenía un vasto contacto con la comunidad varelense con programas provenientes y vinculados a esa ciudad situada en la provincia de Buenos Aires. Derivaciones engendradas por esa vinculación llevaron a la radio a organizar la venida de Defensa y Justicia para jugar un partido de confraternidad con Plaza, el que todavía se hallaba lejos de pensar en el profesionalismo. Se fijó la fecha para el encuentro pero el partido se suspendió debido a que el mal tiempo reinante en la mañana del sábado previsto para el juego impidió la salida del hoy ya desaparecido alíscafo como medio de transporte fluvial que unía las orillas rioplatenses, en el que se disponía a viajar el plantel de jugadores y cuerpo técnico del popular Halcón de Varela. Y esta que puede parecer una anécdota sin demasiada relevancia no ha sido traída por capricho. Es que se nos hace imposible no hacer un paralelismo entre aquel D y J que conocimos en la D de A.F.A. -a la que se había afiliado en 1975- y nuestros clubes de fútbol profesional, especialmente los denominados grandes. Mientras del otro lado del Plata los auriverdes seguían debatiéndose en la última categoría de la A.F.A. por aquí Peñarol y Nacional todavía eran potencias internacionales compitiendo de igual a igual entre los mejores. De hecho en esa década, Peñarol en 1987 y Nacional en 1988, reiteraban en su historial la conquista de la Copa Libertadores siendo también replicados poseedores de otros lauros en disputas a las que accedían por derivación de estos logros continentales (Copa Intercontinental, Interamericana, Recopa Sudamericana). Poco tiempo más fue el que aurinegros y tricolores se mantuvieron dentro de una respetable jerarquía del concierto internacional. Algo que era costumbre como para por lo menos estar metiéndose asiduamente en las definiciones se perdió registrándose como un hecho aislado el Peñarol vicecampeón de la Libertadores de 2011. En general ambos se han venido desgastando en el incremento acelerado de disputas caseras de poca monta para lo esencial. Auto atribución del decanato, mayor cantidad de clásicos ganados, posesión de la bandera más grande, estadio mejor, entre tantas otras insulsas “palmas”, pretendidas armas para apuntalar discursos huecos de falsos encantadores de serpientes, mientras en la cancha la verdad se encarga de teñir de color sepia cada vez más intenso el brillo de otros tiempos. A todo esto en cuarenta y seis años aquel modesto Defensa y Justicia no sólo fue subiendo de categoría hasta llegar a primera sino que acaba de obtener la Copa Sudamericana. Pocos años más de los que tricos y peñas (33 y 34 respectivamente) hace que no consiguen nada a excepción de los títulos de cabotaje sin contar que más de uno de estos han quedado también en manos de los catalogados clubes en desarrollo. De haber existido la Sudamericana cuando aurinegros y tricolores estaban acostumbrados a ceñir laureles, seguramente la habrían tildado de copa de segunda mano. Según han pasado los años lo triste es comprobar cómo, dejando ya de lado la pretensión de ver cercano el horizonte de una Libertadores, nuestros “grandes” van siendo cubiertos por la hiedra de la mediocridad cuya tupida fronda, desde 2002 en que la Conmebol instauró el juego de esta segunda copa, ni siquiera les ha dejado filtrar el más mínimo resplandor. Grande es lo que les queda hasta esta Copa de “segunda mano”.
Alfredo Zaldúa (Semanario EL ECO/G.I.E.F.I.)
