Clubes de Florida
Réquiem por Hugo Angelero
El descanso del sembrador
Hay hombres que no pasan por la vida, sino que la transforman. La partida de Hugo Angelero no es solo un dato en la sección necrológica; es un silencio que pesa en las canchas de baby fútbol, en los tablados del barrio y en cada mesa donde se discutió el futuro de nuestra comunidad.
El silencio de una voz necesaria
Decir Hugo Angelero era decir gestión con alma. En un tiempo donde el individualismo parece ganarle la partida a la solidaridad, Hugo se erigió como un bastión de lo colectivo. Su paso por la Liga Mayor y la Liga Infantil no fue un ejercicio de poder, sino una vocación de servicio. Entendía que cada vez que se mejoraba una cancha o se organizaba un torneo, se estaba rescatando a un niño, se estaba construyendo ciudadanía.
Entre el asfalto de la empresa y el brillo del carnaval
Hugo poseía esa dualidad escasa y admirable: la mente fría y organizada del hombre de empresa, junto al corazón caliente y apasionado del carnavalero. Supo amalgamar el rigor del trabajo con la alegría del pueblo. Para él, el carnaval no era solo luces y lentejuelas; era el grito de identidad de su gente, y como tal, lo defendió y lo jerarquizó.
Fue, por sobre todas las cosas, un hombre atento. Atento al detalle técnico, pero sobre todo, atento a la inquietud social. No sabía mirar hacia el costado ante la necesidad ajena; su mano siempre llegaba antes que el pedido de auxilio.
«No muere quien deja una semilla plantada en el pecho de su comunidad. Muere quien pasa sin ser visto, y Hugo… Hugo estuvo en todos lados donde hubo que construir.»
El último aplauso
Hoy las banderas de los clubes de barrio ondean a media asta. El eco de los tambores suena un poco más grave, más pausado. Se ha ido un hombre de bien, un caballero de la palabra y un incansable obrero del bien común.
Hugo Angelero ha cumplido su turno. Deja una hoja de ruta marcada por la decencia y el compromiso. A nosotros nos queda la tarea de honrar su memoria, no con lamentos, sino con el mismo espíritu servicial que él llevó como estandarte hasta el último aliento.
Que la tierra le sea leve al hombre que tanto hizo por su suelo.
