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TODO INTERIOR

«Discriminar»

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discriminar

DISCRIMINAMOS Y NOS DISCRIMINAN

Desde hace un tiempo ha tomado fuerza en diversos sectores de la sociedad que ante cualquier eventualidad, utilizan el término mágico que es sentirse «discriminado».

Observando el sentir cotidiano que tiene al sector mayoritario de la sociedad occidental teniendo sobre sí el peso de ser discriminado por quienes son -en cantidad- una parte más pequeña. A cada instante se confunde igualdad con superioridad de un grupo sobre otro.

Cuando era niño, no podía entrar a un bar, no debía  salir de noche; todo era no. Seguramente algunos lo interpretarían como una discriminación, pero no, eran reglas.

Después fui adolescente y algunos amigos/as no me invitaron a sus cumpleaños y no me pregunté si me estaban discriminando, simplemente eligieron a otras personas y no a quien escribe.

Agrego que a esos eventos se debía ir de traje o por lo menos de saco y corbata, sin jeans ni championes, de lo contrario no te dejaba entrar el portero. ¿Era discriminar? No, eran reglas.

Cuando comencé el liceo debía seguir ciertas pautas a las que como joven criado en el interior, me causaban rechazo, pero debía cumplirlas, estaban implícitas.

Así con el paso del tiempo me adapté a las exigencias de la sociedad que seguirá discriminando por los siglos de los siglos, tanto como «discriminar el IVA».

Hay una discusión filosófica, política, legal, sobre la exigencia del pase verde -hoy en el fútbol del interior- quizás mañana en el capitalino o al momento de sacar el carné de salud.

Se dice que en democracia debería existir la igualdad ante la ley, debería estar garantizada la libertad individual, pero también junto a la libertad de prensa, la alternancia en el poder. Sin entrar en otras denominaciones como la democracia participativa, el populismo y la soberanía, que los dejaremos para los que saben, simplemente iremos a  ejemplos más claros que describe geuvih.org:

¿Es malo discriminar?

 Discriminar es normal. Todos lo hacemos todo el tiempo.

Una cocinera, cuando elije los ingredientes para una comida “discrimina” cuáles son los que más sirven, los que le dan el gusto que ella quiere a su receta.

Discriminar es normal; significa distinguir una cosa de otra, decidir lo que quiero de lo que no quiero, separar lo bueno de lo malo, lo útil de lo inútil, etc.

Todos discriminamos todo el tiempo, porque todos elegimos; elegimos que ropa me voy a poner, que voy a comer…

En necesario discriminar porque es necesario elegir entre dos o más posibilidades: si necesito jugadores de básquet o de volley, no los voy a buscar entre personas de 1,40 metros de altura… Discriminar es ver las diferencias y elegir en base a las diferencias.

¿Cuándo es malo discriminar?

 El problema es cuando al notar las diferencias nos damos el derecho de decidir quién es mejor y quien es peor… No sólo si es lindo o feo (eso puede ser subjetivo) sino si es bueno o malo.

Porque eso significa emitir un juicio que muchas veces es un prejuicio.

Lo que no tenemos derecho a hacer no es a discriminar, sino a prejuzgar y condenar por prejuicios.

 Circula por ahí, un video donde le preguntan a diversos niños, de unos 10 años, que opinión tienen de dos muñecos, uno blanco y rubio, el otro moreno y de pelo rizado. Se les pregunta “¿Quién es bueno y quién es malo (o rico y pobre, o inteligente y tonto…)?”  Pero también se les pregunta “¿quién merece tener suerte en la vida y quién nunca va a hacer nada bueno?” Las respuestas son aterradoras y se pueden imaginar … Peor: a una niña morena, se le preguntó a cuál de los muñecos se parecía ella: “al rubio, porque tiene los ojos blancos como los míos”…

Eso es discriminar por prejuicio porque es interpretar a partir de convicciones totalmente subjetivas que no siempre corresponden a la realidad objetiva. Así, por ejemplo, si un coche procede en zigzag, decimos que el conductor está borracho, y no que quiso evitar a un niño (al que no habíamos visto) que corría a buscar la pelota.

Discriminar SÍ, pero prejuzgar NO.

 No siempre sabemos o vemos objetivamente, sino que muchas veces interpretamos a partir de nuestros prejuicios lo que le sucede al otro.

Las personas afectadas por el VIH son particularmente víctima de esa tendencia al prejuicio. En cuanto se conoce su situación, pocos son los que se detienen a pensar en cual es su situación de vida. En eso está lo equivocado y dañino de la discriminación: en que juzgamos sin apelaciones y, por eso mismo, condenamos.

Aquí, además del prejuicio, entra en juego la ignorancia que, por suerte ha sido superada, en muchos casos.

El prejuicio y la ignorancia son causa de discriminación irracional y la raíz de muchos problemas sociales y humanos. De ahí nace el racismo, el abuso del más fuerte, el rechazo hacia el más débil, el desprecio del que tiene capacidades diferentes…

Podríamos seguir con ese listado que injusticias que no sólo las personas sino también los grupos sociales, cometen y hacen víctimas a otros.

Lo peor es que, además, muchas veces nos sentimos con derecho a actuar así … y a seguir durmiendo con la consciencia tranquila.

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