TODO INTERIOR
El arte de malquistar
DEL OTRO LADO DEL ALAMBRADO
Cuando Victor Hugo falleció de neumonía en 1885, nunca imaginó que su obra maestra «Los Miserables», causaría furor en la posteridad, donde sin proponérselo -hay quienes sin proponérselo- aspiran a ser hombres íntegros, como otros pares que siempre le guiñan a la oscuridad.
Serán idealistas, pragmáticos, bohemios, desfavorecidos o muy pobres de espíritu que es uno de los bienes más preciados del hombre.
Hace siglos, que el sistema social corrompe al ser humano, las inequidades subsisten ahondando la grieta entre quienes ufanan el humanismo, pero sobreviven con envilecerse retroalimentandose serenamente.
Malquistar es el «arte» que manejan a la perfección. A través de ese arte, Moliere en el «Tartufo» (astuto y manipulador), utiliza la oportunidad a cada ocasión, para mantenerse en la palestra pero en este caso se vanagloria del abuso de posición dominante.
Esos abstrusos entes a quienes la luna le devuelve una aureola de presunción inigualable, deambulan por un círculo, al que ni Dante describiría en los nueve circulos que conocemos.
La procesión continúa, los ecos resuenan, el tiempo seguirá transcurriendo y ellos malquistando.
El hornero, trabaja con el pico, pero trabaja…
El tiempo será testigo…»eppur si muove»
