El fútbol del interior está en penitencia.

Hora de cambiar.

El panorama mundial al que no nos vamos a referir ha impuesto cambios en todos los aspectos, pero lo que ocurre en otras partes, llega al interior un millón de años luz después.

Ya no nos dejan jugar como antes, pues estamos quebrantando el orden que por mandato de las grandes potencias exigen, coartan, obligan a padecer un nuevo orden mundial.

Algunos fuimos niños y adolescentes en épocas que no se podía jugar al «cordón» en la calle ya que si el guardia civil doblaba en su bicicleta de gran rodado, nos podría arrebatar la pelota de goma que servía de pretexto para la reunión sociabilizadora e integradora de entonces.

Mas de un  vidrio de nuestra casa o de la vecina -que sesteaba a la hora de la pelota- se fue y allá nos comimos alguna penitencia que hacía que deberíamos entrenar mas la puntería para no embocarle a ese marco equivocado. Después de esos días interminables, horas incontadas, volvíamos a la calle, al campito con la felicidad única, que solo el juego de pelota nos podía dar. Eran otros tiempos, ya que a la vuelta del recreo, en el aljibe de la escuela había un único vaso de aluminio para todos en el que a su debido turno, antes de volver a clases, nos hidratábamos en aquellos mediodías de calor sofocante.

«Uno juega mejor con sus amigos. Ellos serán generosos, lo ayudarán, lo comprenderán, lo alentarán y lo perdonarán. Un equipo de hombres que se respetan y se quieren es invencible. Y si no lo es, más vale compartir la derrota con los amigos, que la victoria con los extraños o los indeseables». Alejandro Dolina

Volvamos a la penitencia, que eran momentos de sumo dolor tanto para nosotros como para el grupo -faltaba uno- «la madre no lo deja». Éramos solidarios con el compañero que no llegaba, lo saludábamos por la ventana, lo consolábamos en la escuela que ahí sí, se desquitaba en el recreo corriendo y pateando la vieja y querida pelota de goma que cuando se pinchaba, se la perforaba con un alambre caliente para que tirara otra semana.

«Creo que si no se entiende que esto es una pasión, y las pasiones son bastantes inexplicables, no se entiende nada de lo que pasa en el fútbol». Roberto Fontanarrosa

La penitencia se terminaba, tenía un tiempo perentorio, pero a la que estamos sometidos ahora, cuando finalizará? No hay plazo, nada se sabe ni se hace. Es más fácil y práctico tener subordinados a los de acá, a los pobres, a los que nada tienen. Sin ideas para cambiar, sin espacio para arrancar viejas estructuras, con miedo a renovar. Solo se dejan ver los intereses clubistas para disputar una copa que seguramente se jugará donde solo los poderosos subsistirán bajo el influjo de organizaciones palanqueadas por empresarios florecientes.

En tanto, la gran mayoría, seguirá en penitencia. Jugadores -los protagonistas olvidados- sin trabajo, los orientadores, el que confecciona la ropa deportiva, los que la asean, los comunicadores, todos seguirán sin trabajo, sin expectativas de llevar un vaso de leche a sus hijos que tampoco comenzarán a dar sus primeros pasos en fútbol infantil. Continuará creciendo la cantidad de ex jugadores ya que los juegos electrónicos ahora ocupan el primer lugar en sus prioridades. La pelota se pinchó, se desinfló y no fue el policía que se la llevó, sino otros «grandes» que no nos dejan jugar.

«Ha entrado usted, alguna vez, a un estadio vacío? Haga la prueba. Párese en medio de la cancha y escuche. No hay nada menos vacío que un estadio vacío». Eduardo Galeano

En OFI, «jugar sin público es como bailar sin música» como escribió Galeano, pero además, obligamos a los clubes a que no tengan interés por competir ya que su gasto (no inversión) no aumenta. Obligados por las circunstancias, debieron organizar mini torneos sub 15 para que los clubes profesionales no se los llevaran -como igual hacen- a los mas chicos. Esa práctica al mejor estilo de Sir Henry Morgan  o los berberiscos, es conocida desde hace muchos años en el interior y cuanto más profundo, más sufren el sometimiento ya que cuando no son ellos, encantan a los progenitores para que estos presionen a los dirigentes y estos cedan a las apetencias que fagocitan las instituciones.

«Todas las mañanas, en cada rincón del mundo, desde las praderas de Islandia hasta los confines de Tierra del Fuego, de la Siberia más oriental a Brasil, el fútbol abraza los corazones de millones de hombres que se despiertan». René Frégni


Todos los veranos, esperábamos el Sur, otros el Litoral como también el Este. César Reyes decía «hay olor a nochecitas sureñas» cuando se sentía el aroma del pasto cortado en el viejo Campeones Olímpicos. Ese Estadio que espera que algún día la pelota vuelva a picar, que algún jugador pise su césped, que se rompa la red de un taponazo como los de Carlitos García, que se iluminen las luminarias prometidas, como la tribuna Nasazzi vuelva a ver a los amigos de siempre en su lugar habitual.

Estamos en una larga penitencia de la que ni rezándole a Bergoglio, o en Ramadán de abril a mayo, ni aprendiendo al Tipitaka o el antiquísmo Rig-Veda nos pueden sacar. Mientras tanto, le pediremos a quienes diagraman la forma de disputa de los torneos, que es el momento de buscar variantes, de innovar, porque volveremos a ser trasgresores ya que el fútbol Wolverá.

 

 

futbolflorida

Blog de fútbol de Florida y del interior de Uruguay

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