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REFLEXIONES DE UN DIRIGENTE
Néstor Darío Pedreira Häberli

El fútbol del interior de nuestro país agoniza en silencio mientras sus arcas, paradójicamente, se llenan de balances exitosos.

A pocos días de las elecciones de la Organización del Fútbol del Interior, el acto eleccionario, no representa un simple recambio de nombres en un organigrama; constituye la última frontera de resistencia para una identidad comunitaria que corre el riesgo de ser definitivamente confiscada por la lógica del mercado.

Esta reflexión interpela, en primer lugar, a quienes hoy conducen los destinos de la organización, dirigentes como Sosa, Bares, Mosegui, Pintos, Martínez, Leites y Ortiz, entre otros, parecen haber confundido la sagrada misión de proteger el patrimonio cultural y deportivo del interior con la gestión de una corporación financiera.

La eficiencia económica y la generación de recursos son herramientas válidas, pero cuando se transforman en el fin supremo, vacían de contenido la esencia misma de la institución.

El éxito de una gestión en la Organización del Fútbol del Interior no se mide por el superávit de sus cuentas bancarias, sino por la vitalidad, el arraigo y la supervivencia de sus clubes más humildes.

Hoy, mientras los escritorios celebran acuerdos y dividendos, las instituciones de pueblos sufren la asfixia de costos inalcanzables y regulaciones centralistas que ignoran la realidad del barrio y el voluntariado… su gestión se ha vuelto distante, defienden el dinero pero han dejado desprotegido al fútbol real.

Sin embargo, la crítica sería incompleta e intelectualmente deshonesta si no señalara el reverso de la moneda… la actual concentración de poder en el Ejecutivo es también el resultado directo de la abdicación de los propios clubes… la dominación no se impone solo por la fuerza de quien la ejerce, sino por la docilidad de quien la consiente.

Muchos clubes, asediados por las urgencias del día a día, han cedido su autonomía a cambio de prebendas menores o soluciones temporales, permitiendo que el Ejecutivo manipule las voluntades a su antojo.

Al delegar su voz, las instituciones del interior han renunciado a defender su propia existencia, olvidan que la Organización del Fútbol del Interior, no pertenece a los burócratas de turno, sino a cada asamblea, a cada liga y a cada rincón del territorio que late detrás de una camiseta.

El voto en estas elecciones debe ser un acto de profunda dignidad… es el momento de exigir una conducción sensible a las asimetrías de nuestro fútbol y al mismo tiempo, el instante crucial para que los clubes asuman la responsabilidad histórica de su propio destino, rompiendo la inercia de la sumisión para recuperar la soberanía de nuestra identidad deportiva.
EL FUTBOL DEL INTERIOR NO ES UNA CORPORACIÓN FINANCIERA; ES EL TEJIDO VIVO DE NUESTRA IDENTIDAD COMUNITARIA

Este mensaje no nace desde la hostilidad, sino desde la profunda preocupación por el rumbo ético y estructural de la Organización del Fútbol del Interior.

Va dirigido directamente a quienes hoy sostienen las riendas del poder del fútbol del interior, tan ajenos a la realidad (tanta hipocresía indigna) pero también, de forma obligatoria, a cada uno de los clubes que componen nuestra organización.

A la actual dirigencia cabe recordarle que la legitimidad del poder no se mide por la salud de los balances contables, sino por la preservación del ecosistema que prometieron proteger.

En los últimos tiempos, la gestión de la Organización del Fútbol del Interior, parece haber confundido la prosperidad de las arcas con el éxito institucional.

Se prioriza la generación de ingresos y la lógica mercantilista por encima del fomento humano y deportivo… mientras el fútbol se analiza en planillas de rentabilidad, los clubes más humildes, aquellos que limpian la cancha a pulmón, que rifan camisetas para pagar el juez y que sacan a los gurises de la calle, agonizan en la periferia de sus decisiones.

El dinero debe ser el combustible para el desarrollo… cuando la tesorería brilla pero las canchas de las ligas locales se quedan sin luz, la gestión ha fracasado en su propósito fundacional.

Sin embargo, la autocrítica debe ser completa… este presente de asfixia no es solo responsabilidad de un Ejecutivo que legisla de espaldas a la realidad; es también la consecuencia directa de la sumisión y el silencio de los propios clubes.

La pasividad con la que las instituciones del Interior han entregado su autonomía es alarmante… al dejarse dominar a voluntad, al convalidar con el voto o la indiferencia, decisiones que atentan contra su propia subsistencia, los clubes se han convertido en cómplices de su propio desborde.

No se puede reclamar dignidad cuando se acepta el rol de vasallo… la existencia de un club humilde se defiende con la palabra, con la unión de las ligas y con la firmeza conceptual en cada asamblea, no agachando la cabeza ante el centralismo de turno.

Las próximas elecciones no son un simple cambio… será la última frontera para decidir si la Organización del Fútbol del Interior, seguirá siendo la casa del fútbol amateur y solidario, o si terminará de transformarse en una fría agencia de negocios.

Los dirigentes actuales tienen la oportunidad histórica de corregir el rumbo y entender que gobernar es proteger al más débil sin desatender a los privilegiados… los clubes, por su parte, tienen la obligación moral de despertar, recuperar su voz colectiva y recordar que la Organización del Fútbol del Interior les pertenece a ellos, y no a los «mercenarios» que hoy la administran.

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