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Historias de antaño. «El sobretodo de Osiní».
FUE UN AMISTOSO EN MAESTRE CAMPO.
El super Polanco Fútbol Club, con jugadores profesionales de la Liga de Sarandí Grande fue a disputar un amistoso contra un club de campaña. Era fútbol, carreras y baile.
Los ágiles polanqueños ingresan al terreno que de arco solo tenía dos postes sin travesaño.
Era un 15 de enero de 1965 con una temperatura que rondaba los 40°,
El árbitro, impecablemente ataviado de sobretodo cuyo nombre era Osini, se aprestaba a administrar justicia en un encuentro que sería un trámite para las estrellas del Yí.
Rápidamente el equipo verde y blanco saca ventaja en el marcador mediante envíos al área que cual saetas, el ágil Chacho Berrondo junto a su hermano Timote eran imparables.
Los vascos Urdangarain eran topadoras en el medio campo e Ismael Rodríguez un mero espectador en el arco.
Uno tras otro llegaban los goles de los «capincheros» que demostraban su entrenamiento y roce de elite.
En esos primeros 20′ los polanqueños goleaban 5-0 al débil equipo de Maestre Campo que tenía como mayor figura al «canario» González que con sus botas de montar y su porte de 1.90 de altura, se constituía en un delantero difícil de contener.
En el único ataque de los locales , González se arquea en el aire, de tijera golpea el balón con el retobo a la vista, la pelota de cuero cosida a tiento deja una estela en la tarde soñada. Un tremendo disparo que hace estirar al goalkepper Rodríguez que queda con las manos vacías provocando la ovación del equipo local que festeja el gol de la honra.
Ahí, el capitán del Polanco F. C. El «pelado» Berrondo protesta vehementemente que el tiro de González había pasado por arriba del arco, que había sido alto, que pasaba por arriba del travesaño.
Aquello era un remolino de protestas, empujones para allá y para acá, amenazas de que «te agarro y te quiebro», » que lo arreglamos afuera» «Uds no saben jugar».
Los hinchas afuera dejaron de tomar vino y comer asado con cuero juntos y se aprestaban a medir fuerzas.
En ese instante, el «machito» Gabard que estaba fuera de la refriega, tomando una caña, le pide el silbato al juez (Osini), hace sonar el pito y se hace un silencio sepulcral.
Los golpes de puño quedan suspendidos en el aire , el facón desenvainado solo alumbra y brilla, el camión encendido para salir disparando se apagó y ni las vacas mugían.
Ahí, con gran inteligencia, el «machito» Gabard, les pide calma a los jugadores y les dice «si tenemos árbitro, cómo vamos a decir nosotros si fue gol o afuera? »
Muy atinado fue el delegado de la verde, que se empinaba su Copa hasta dejarla con fondo blanco.
Ahí, entra en acción el referee, Osini un hombre de color, que era implacable a la hora de dictaminar sus fallos.
«Tiene razón»- Dijo el «pelado» Berrondo, «para que trajimos árbitro entonces»?
Los locales -sabiendo lo justo que era Osini- estuvieron de acuerdo ya que mientras unos decían que había sido gol y otros alto, el hombre del sobretodo, miraba atónito las discusiones que ya eran gresca generalizada.
Ahí, sabiamente cual Rey Salomón, Osini resuelve la protesta con la siguiente frase: » Muy buen remate del delantero, excelente esfuerzo del golero, pero…si había travesaño, pegaba en el palo »
Fin
Basado en relatos de la época, recopilado por Jorge Benoit
