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#IdeasDeCuarentena Es tiempo de jugar
Al compás del reloj
Escribe Rómulo Martínez Chenlo
Como quien le pregunta al vecino a ver si no vio pasar al cartero, o pregunta en casa si no trajeron nada para mí, pregunto ¿che nada de la FIFA o de la IFAB, no?
No, nada.
¿Y que se piensan que nos vamos a achicar? No para nada. #IdeasDeCuarentena sigue adelante esperando esa llamada desde Zurich, o desde el Reino Unido a ver qué podemos hacer por ustedes.
No estamos inventando nada. Eso de inventar en el deporte ya lo hicieron otros uruguayos brillantes, e inolvidables por los siglos de los siglos. Inventó el Terrible José Nasazzi, generando con la vuelta olímpica el símbolo de victoria más universal y permanente, ya había inventado el mismo Nasazzi la posición de back escoba cuando el offside se cobraba cuando había menos de 3 oponentes, y con el gran capitán barriendo atrás del Indio Pedro Arispe, rompiendo juego, y acompañado a los lados por José Leandro Andrade, y Alfredo Ghierra. «Un jugador queda en fuera de juego si en el momento en el que recibe el balón o éste llega a su altura, entre él y el arco contrario hay menos de tres jugadores adversarios, incluyendo al arquero», decía la vieja norma, a la que se denominaba como la regla de los tres oponentes.
¿Saben lo que pasó después de la impactante gesta uruguaya en Paris en 1924, la Board decidió realizar el que fue durante décadas el más profundo cambio en las reglas del juego modificando la regla 11. El 5 de abril se hizo el cambio de regla – justo el día que Nacional en su maravillosa gira por Europa de 1925, ganaba al Génova por 3 – 0 – y apenas una semana después, el Mariscal José Nasazzi, ya planificaba como ser líbero sobrando apenas detrás de su compañero de zaga para seguir defendiendo con presteza en la nueva estrategia.
De salón
Inventar, inventó el profesor Juan Carlos Ceriani, que en el invierno de 1930 apenas después de la conquista mundialista del Centenario, ante la inquietud de los jóvenes que participaban en las clases de la Asociación Cristiana de Jóvenes, inventó el Fútbol de Salón, mezclando el espíritú único del fútbol con normas y tácticas de otros juegos: cinco jugadores en cada equipo, rotación de los jugadores, y la duración de 40 minutos por partido la tomó del básquetbol. La prohibición al golero de salir del área lo basó en el waterpolo. Procuró la cancha lo más amplia posible dentro del gimnasio – los primeros arcos los pintó en la pared- ya la pelota la hizo copiando el relleno de trapo y arena, para que casi no picara.
También inventó al profesor Antonio Varleta padre del Balonmano actual (se jugaron hasta clásicos de balón, como se llamaba el juego uruguayo de Varleta).
Inventaron los basquetbolistas uruguayos, que en 1956, después de los Juegos Olímpicos de Melbourne hicieron que Williams Jones, hiciera cambiar las reglas del juego estableciendo un tiempo de posesión tal como lo había hecho la NBA años antes. Sucedió que en el partido de cuartos de final de los Juegos Olímpicos, Uruguay empató de atrás una diferencia de 14 puntos con Filipinas, y jugó todo el final del partido reteniendo y sin atacar para ir a la prorroga y ahí con mejor integración ganar el partido.
Esas si son variables, reformas e inventos que quedarán en la historia.
Es tiempo de juego
En #IdeasDeCuarentena hemos propuesto, tratando de bajar a tierra en momentos en que los tiempos y los tópicos parecen poder manejarse de otra manera, algunas ideas que pretenden modificar el desarrollo del juego que nos encanta.
Ya fue planteado abolir el gol en contra – planteo que no modifica en nada el juego, y hacer de la prorroga o alargue, un partido nuevo y extraordinario de 30 minutos para los casos que así lo requieran.
Ahora si queremos intentar promover algunos cambios que incidirán en la redacción de un par de reglas.
En primera instancia, una preocupación que atraviesa generaciones, canchas y continentes, es la del tiempo de juego. Ha habido inúmeras modificaciones en las instrucciones e interpretaciones para que los árbitros controlen debidamente que se juegue la mayor parte posible del tiempo establecido. De los 90 minutos establecidos se juegan promediamente 50’ por estos lares, y más cercano a la hora, según estudios de la UEFA, en Europa.
A esta altura de nuestros desarrollos básicos en cuanto a la posibilidad digital de las mediciones, la propuesta de jugar a reloj parado cuando la pelota no esté en movimiento parece ser la mejor salida.
Si tomáramos el análisis de la Unión Europea de Fútbol Asociado y sus 60 minutos de juego real, pareciera que lo ideal fuese jugar en 2 tiempos de 30’ parando, como en el básquetbol, cuando la pelota no está en juego. Esto implicaría la necesidad de un integrante del cuerpo arbitral exclusivamente para manejar el reloj. El tiempo del espectáculo sería más o menos el mismo, y el del entretiempo se mantendría igual.
Una solución para paliar la radicalidad del cambio podría estar por el lado de parar el reloj solamente en los 10 últimos minutos de cada tiempo, según el aporte del ingeniero Federico Defranco, que en el Deportivo Uruguay viene desde hace años planteando tal variante. Tal vez puedan ser nada más que los últimos 15 del partido, donde se concentra la mayor parte del tiempo perdido deliberadamente.
En estos casos el árbitro principal, con el soporte del cuarto árbitro, cronometraría el juego. Parándolo en lesiones u otros inconvenientes, y después utilizando la norma de para el juego cuando la pelota no esté rodando en el periodo de tiempo que se establezca para jugar a tiempo parado.
Parece que así, nos sacaríamos de encima esa permanente sensación de injusticia porque se juega menos, y permitiría a todos, un ámbito más equilibrado para desarrollar mejor el juego.
*Esta columna ha sido publicada inicialmente en La Diaria
