Copa nacional de Selecciones
Saturday Night fobál
Por Rómulo Martinez Chenlo y Fermín Mendez
No importa cuan distinto sea. No importa , que es cierto, que en tiempos del Pato Ferreri, de Sofildo Piñeyro, del Bocha Satriano, de Miguel Calandria, del Hormiga Alzamendi, del Chamaco Casaña, de Juan De Jesús, de Quique Martínez, en aquellas noches de verano cuando jugaba la selección y nosotros no solo no sabiamos que había un equipo que se llamaba Chelsea , sino que ni siquiera sabíamos quien era el 9 del Barcelona, o que por ahí enfrente cerquita había un equipo que se llamaba Arsenal de Sarandi, llegar a esta instancias, a estas noches, era la gloria, era el sumun de nosotros los que corríamos atrás de una pelotita de plástico, los que trasladaban la hora de zaguán a hacer manito en la tribuna, los que se zampaban un pedazo de chorizo de rueda tomado como rehén por medio pan flauta.
Nada era igual a estar ahí buscando la tribuna donde atacaran los nuestros para gritar los goles, cambiándonos hacia el otro arco para el segundo tiempo. O a permanecer nerviosamente inmóviles y donde fuera escuchar al relator de la radio, diciendo que nos robaban allá, en aquel estadio que parecía ser en el fin del mundo pero estaba ahí no más a 100 o 220 kilómetros de aquella casa donde el volumen de la radio atravesaba todas sus piezas.
No importa , es distinto, pero no importa. Ya quisieran los 33 pueblos que arrancaron este campeonato , mientras se asaba lentamente el lechón, o aparecía la oferta de pan dulce por liquidación de temporada, estar jugando cuartos de final. Estamos de acuerdo que la temporada de pan dulce termina el 10 de enero ¿no?, pero poder estar mañana o el domingo vibrando o sufriendo, atando pilatos, cabeceando imaginariamente, o mirando por Vera Tv, los partidos que nos harán conocer a los cuatro semifinalistas del interiores sólo comparable con aquel beso en la frente que nos dio la vieja mientras estiraba la mano y decía «esta plata es para tu entrada y con esta lo ayudás a Nico si no le alcanza; si no, se me comen un pancho cada uno. Cuídese, mijo».
RMCH / FM
