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Con la albirroja en la final de Sur

Con la albirroja en la final de Sur

Por Rómulo Martinez Chenlo
CASI UNA OPINIÓN

No es que en Florida no se juegue bien, no quiero decir eso, y menos por la camiseta que más quiero, pero de alguna manera llama la atención que un fútbol que es mucho más vital que estético, más correoso que técnico, más metedor que creador, promueva tantos delanteros de destaque en el fútbol profesional.

Todos los días se suben a la Cita seguramente más de una veintena de jóvenes que con sus abonos van y vienen llenos de ilusiones a las prácticas de los clubes de la capital, y de a poco dejan de ser el hijo de, aquel que jugaba con, o el Cabecita o el Nonito, para pasar a ser nombres en letras de molde que aparecen en los diarios, o nombres redondeados por la gola de los relatores. Y así, un par de viajes más y ya te aparece un Rodrigo Pastorini con su juego claro y preciso de alta técnica en el área rival, el Cangrejo Javier Cabrera que va y viene dejando un surco por la derecha, el encarador Flavio Scarone haciendo avanzar a Liverpool en la Sudamericana, o Facundo Barceló, también en los negriazules, o, aunque no es delantero, la zurda precisa y potente de Facundo Guichón, o la inquietud
creativa de Sergio Cortelezzi, el chiquilín al que hace un par de años, iban a vender por un millón de dólares.

De a poco los van conociendo, así como unos cuantos miles conocieron ayer a Jonathan Rodríguez, un gurí de las entrañas de Piedra Alta, nacido y criado a una cuadra de la cancha del Atlético.
Hay quienes dicen que su hogar no queda a una cuadra de la cancha de los albicelestes, sino que fue el mismo Atlético el que le dio morada desde muy chico, cuando llegaba con la moña desatada de la escuela y hacía mandados para los jugadores de la Primera.

De chico se destacó en los albicelestes, que lo promovieron y le dieron mucha ventaja de edad a la selección juvenil floridense sub 18, con la que llegó a la final del interior y se cansó de hacer goles.
En ese entonces ya presentaba las mismas características de explosión, potencia, velocidad y goles. Antes de cumplir 17 años ya jugaba en la primera de Atlético, y a pesar de que lo vinieron a buscar de varios clubes, recién el año
pasado aceptó pasar a Peñarol -la otra camiseta con la que andaba y anda a orillas del Santa Lucía Chico-, y ya de entrada, después de una mínima y muy buena participación en cuarta, explotó en tercera, en la que fue goleador en el último clásico de 2012, y Polilla da Silva lo sumó a la primera para la pretemporada de este año.

Su explosión y potencia ya llevaron a los cuatro o cinco que lo pudieron ver el otro día en Toronto a buscar datos del Cabecita y no los encontraron.

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Mucho menos los miles que ayer quedaron encantados con el potente delantero, que maneja las dos piernas aunque su lateralidad indica la derecha, aunque el gol lo haya hecho de zurda, no sólo por la anotación en la cancha de
Portimão ante Benfica, ni por el sombrero con media vuelta que hizo en el segundo tiempo, sino por la frescura de su juego y las promesa que arroja. Para los que tengan que armar la ficha mañana, pensando en ese agite de mercado de pases que ese gol y ese partido puedan provocar, hay que saber que Jonathan J Rodríguez cumplió 20 años el 6 de julio, no tiene récord de partidos oficiales en Primera en la Asociación Uruguaya de Fútbol pero sí en la Organización del Fútbol del Interior, y que el de ayer en Portugal fue su primer gol en la máxima categoría
carbonera.

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