FÚTBOL PROFESIONAL
Historias. La de la hija de Leandro Andrade, medallista olímpico y campeón mundial.
Por Gabriel Paique de Salimos.net
VIVE EN SALTO CON UNA PEQUEÑA PENSIÓN GRACIABLE
Esta actividad nos regala la posibilidad de conocer y descubrir en cada instante, una historia diferente. Una charla con la hija de la “Maravilla Negra”, que sin duda nos reconforta el alma y nos alegra la vida. Tarde calurosa en Salto, como las que acostumbramos a soportar y nos trasladamos hasta la casa de Nelly “Mara” Andrade, que con sus 84 años en la sombra de su patio, nos recibe junto a su mascota.
Nelly Teresa Andrade Francolini nació un 24 de abril de 1932, en Montevideo y es hija de José Leandro Andrade, un salteño que logró dos medallas de oro olímpicas, como también el Mundial de 1930.
José Leandro “Maravilla” Andrade, apodado en su momento por su juego y que logró destacarse con la celeste, en las Olimpíadas de Paris en 1924, como también en Amsterdan en 1928. También fue parte del plantel que ganó la primera Copa del Mundo, en 1930 y que se desarrolló en nuestro país.

Nelly es única hija de José Leandro Andrade y hoy vive en Salto, en el Barrio Ceibal.
Hasta allí llegamos y conversamos de su vida, hoy con 84 años, es la única descendiente de uno de los jugadores de fútbol más importante de la historia de este deporte, reconocido a nivel mundial.
ME DA VERGUENZA
Si bien hoy cuenta con una pensión graciable, que se la otorgaron en el año 2009, vive en una casa alquilada y que no le alcanza para pagar la misma, como vivir dignamente. “Me da vergüenza decir que ando mal”, nos señalaba, cuando le preguntamos sus necesidades y es simplemente contar una “una vivienda”, para poder pasar el resto de su vida.
GIOVANONI FUE MUY BUENO CONMIGO
En la charla el recuerdo del periodista Luis Alberto “Ruso” Giovanoni, fallecido este año y nos decía, “el me ayudó mucho, fue quien logró que se me otorgara la pensión graciable. Es la que hoy me ayuda a vivir, pero la realidad es que no alcanza para todo”, nos decía.
ME VINE EN BUSCA DE FAMILIA
Nelly vivió muchos años en Montevideo y se vino a Salto hace algo más de 16 años, “me vine buscando parte de mi familia. Mi padre y mi madre se casaron en 1928, yo nací el 24 de abril de 1932 en Montevideo, pero siendo chica mis padres se separaron. Siendo chica recuerdo que mi padre trabajaba en la UTE y yo lo iba a visita a su casa en calle Curiales, los fines de semana. El tomaba mucho y murió muy jóven en un Asilo”, nos cuenta Nelly. “Mi mamá era Argentina y mi abuela también, la madre de mi padre. Era muy buen mi abuela y conversaba mucho con ella”. “Mi papá era medio calabera, según dícen”, nos comenta con una sonrisa a flor de piel y mientras el mate no se separa de ella.
ANDRES GARCIA
También el agradecimiento para Andrés García, quien fue el que nos proporcionó los datos para ubicarla y cuando se los nombramos, no dice: “el es muy bueno conmigo, me ayuda mucho. El fue quien me llevó al barrio donde nació mi padre, en “La Cachimba”, yo antes vivía en Reyles y Agraciada”, nos cuenta.
MUY BUENA ATENCION
Nos relata que estuvo con congestión y que tiene problema con la presión, “me atiendo en el Hospital y la verdad que es muy buena la atención, siempre me brindan todo. Estuve internada con congestión, pero ahora ya ando mejor, más alla que el otro día fui a hacer un mandado y me caí. A veces me olvido de las cosas, pero la vejez no llega sola”, no afirma.
LIBROS
“Me han regalado muchos libros de mi padre, incluso algunos de cuando él estuvo en París, donde bailó el tango, son lindos recuerdos que uno tiene”.
Pasó algo más de una hora de la charla con “Mara” Andrade y nos quedamos con esa sensación de que la vida nos va haciendo correr muy rápido, como para no permitirnos tener ese rato con parte de nuestra historia.
El nombre de Nelly Teresa Andrade Francolini, dicho así pasa como uno más, pero es la hija de uno de los más grandes jugadores que tuvo Salto y Uruguay, dos medallas de Oro y un Mundial, cosa no muchos han podido alcanzar. José Leandro Andrade, la “Maravilla Negra”, hijo de esta tierra y agradecemos a la vida por esta profesión de comunicar, que nos permitió estar junto a su hija, conociendo un poco más de su vida.
Nelly hoy no necesita mucho, solamente un lugar donde poder llevar su vida y creo que es posible que se pueda lograr.

