FÚTBOL PROFESIONAL
La peste, los futbolistas, y el horroroso desnudo de nuestras almas
Vieja anormalidad*
Escribe Rómulo Martínez Chenlo| Foto Pablo Vignali
Ya que estamos en un tiempo de feliz acercamiento a lo científico, y a su conocimiento, hagamos un ejercicio de pensar el fútbol en condiciones de laboratorio.
Si estuviésemos en el momento de su creación definitiva, y su reafirmación ,en las Islas Británicas a fines del siglo XX, calificaríamos sin la menor duda al fútbol como un juego. Un juego, que justamente es eso, y no representa una responsabilidad laboral, ni un trabajo. No tiene otra presión que la propia pasión lúdica de sus cultores, y entonces, si solo siguiera siendo un juego no estaríamos ante esta situación de tiene que volver el fútbol sí o sí.
Si revisáramos al fútbol en su novel condición de deporte, en que aquel juego se fue convirtiendo en sí mismo, en un deporte de competencia, también allá por Gran Bretaña, también acá en el Río de la Plata , en este caso a principios del siglo XX, la gente, aquellos antiguos nosotros de hoy , estaría con muchísimas ganas de jugar, de ver fútbol, de estar en las canchas, pero ante la crisis epidemiológica , con dolor, y sin olvido, el fútbol, y no los futbolistas, quedaría de lado.
Si con prejuicios, a pesar de las pretendidas condiciones de laboratorio que les había planteado, observamos el fútbol como negocio, veremos que al principio, el negocio era un apéndice importante del juego, y de la competencia, pero con el tiempo se lo fue devorando, y el fútbol, y los futbolistas, pasaron a ser lo imprescindible, pero sin embargo lo menos importante para el negocio.
Durante décadas el negocio del fútbol, explotó sin miramientos a los jugadores, y también a aquellos colectivos barriales o aldeanos, que compitiendo de manera reglada buscaban la gloria y no la guita.
Hay un cuarto estadio del fútbol negocio, que es el virtual, y que parece perfecto y probado para los impulsores de la nueva normalidad: con apenas unos pocos recursos humanos, una treintena de deportistas, y una decena de trabajadores de la imagen, se montarán los campeonatos sin gente, los partidos sin gritos, los enfrentamientos de la liga orweliana, donde creeremos en el Gran Hermano, que obviamente nos mostrará lo que él quiera mostrarnos, y lo que represente más oportunidades de negocio para sus verdaderos promotores.
Subí un poquito
En el mundo entero, con perillas o sin ellas, con Nueva Normalidad, o vieja anormalidad, con día después, o con ayer, están presionando hasta grotescamente para que los futbolistas vuelvan a las canchas.
Y lo peor es que si nos agarra medio distraídos entre tanto trabajo con careta de ocio, entre tantas horas ocupadas por el todo, cuando parece que no hay nada, nosotros también nos sumamos a la barra que demanda la vuelta del fútbol, como sea. ¿Pero es que nadie piensa en los futbolistas como cualquiera de nosotros?
¿Tanto nos aleja a nosotros, los preocupados, y un poco asustados cultores del distanciamiento social, de evitar el contagio masivo y simultaneo, de tirarle el achique a la epidemia feroz, una camiseta brillante, una botinera- de las reales – debajo del brazo , una bemba, y una mirada perdida en el ejercicio de la firma de autógrafos o de bajar del ómnibus rumbo a los vestuarios?
Es cierto, y lo sé hace mucho tiempo: especialmente jugar, o esperar un partido de fútbol,es un alimento esencial en nuestras emociones, en nuestras realizaciones, en nuestras expectativas. En nuestra vidas. ¿Pero por eso seríamos capaces de mirar para otro lado, si nuestro empuje es el leudante necesario para que el pan y circo ponga en juego la calidad de vida de otros?
“Lo peor de la peste no es que mata a los cuerpos, sino que desnuda las almas y ese espectáculo suele ser horroroso” escribió el golero argelino, y excepcional escritor Albert Camus en su obra La Peste. Camus que era futbolista de destaque en su juventud justamente debió dejar las canchas por una situación de salud, y con ataque a los pulmones: Tuberculosis.
¿Somos el reflejo de la bolsa global de negocios?
Somos la solución vernácula y local para que los envíos diarios del show virtual audiovisual, el guion eterno de The Truman Show llegue a nuestras pantallas en formato Play Station, pero con humanos en vez de figuras tridimensionales.
Nueva normalidad
El concepto de “ nueva normalidad” usado en la economía mundial en esta segunda década del siglo XXI y tomado por unos cuantos gobernantes en esta crisis deja entrever una expectativa de control de la pandemia de Corona Virus. Si le agregamos una pizca de presión empresarial, mundial, pero localizada en sectores, que busca, utilizando los potenciómetros – así se llaman las perillas ¿no? – poner ya, y como sea, en funcionamiento los espectáculos deportivos, con la idea única de reflejar en nosotros, sus miles de consumidores sus ofertas y demandas, nos van cercando con la inminente sensación de la vuelta de la práctica deportiva-medida, y eso asimismo genera una idea de pronta vuelta a la competencia.
En Europa, donde está el epicentro económico de la modalidad del deporte como negocio, y donde ha sido visible y desgraciadamente palpable la desgracia de la pandemia, aceleran procesos de reincorporación de los deportistas a las prácticas y a las competencias. La UEFA, y sus ligas extremadamente comprometidas con los negocios – a veces tanto como con los desarrollos deportivos- reprograman competencias, para cumplir con el producto que ya han vendido. Parecen tener mayores posibilidades de dar cierto blindaje a los deportistas a la hora de entrenar.
Acá entramos en la manija, en nuestra gozosa adicción a estar cerca de la globa, a sudar la camiseta, a sentir el inigualable, e inolvidable perfume del pasto.
Pero nos están desnudando, gente. Y nuestras almas dejan entrever ese horroroso espectáculo de desprecio hacia los demás , que en este caso son nuestros pares, aquellos que abrazaron el juego, que lo hicieron deporte, competencia, y gloria, que nada tiene que ver con el negocio.
*Parte de este artículo fue publicado en La Diaria.
