FÚTBOL PROFESIONAL
Por las mías
Lodeirista
Nico Lodeiro y el fútbol real
Rómulo Martínez Chenlo
Soy Lodeirista de la primera hora. ¿Cuál será la primera hora? Evidentemente es la de mi ombligo, la de la primera vez que me cautivo, que sentía esa empatía emocional supra deportiva que me acercaba mucho a ese gurí.
Por esos días de plenitud como aficionado y trabajador del fútbol en el que achataba el culo en cada cemento, tablón, o escalón, para trabajar si, pero para sublimarme con ver la pelota corriendo y el juego de quien , quienes estuviesen jugando, debe ser que descubrí, siempre desde mi ombligo, a ese petiso dinámico , habilidoso y fino en algún partido de juveniles. Es que ya en tiempos de la la diaria, Deportivo Uruguay, El Espectador, y la docencia, me armaba los días en función de las canchas de fútbol y de básquetbol a las que podría asistir como parte de mi labor profesional. Seguramente siguiendo la filosofía de mis grandes lanzadores y maestros en mi carrera como periodista, Jorge Burgell, y el profesor Ricardo Piñeyrua, siempre entendí que ver un partido de juveniles el sábado a las 10 de la mañana, un tiempo de uno de la C mientras iba para el juego del Centenario, ni hablar uno de la B, o hasta uno de tercera de martes a la tarde, una práctica de miércoles, y hasta un partido de la liga mexicana a las 2 de la mañana eran parte de mi trabajo.
Así fue que vi a Nico, y casi seguro en un clásico de juveniles. Van quedando en mi cabeza, movimientos, acciones, jugadas y ciertas particularidades que tal vez van a para a las recucidas gondolas del supermercado de mi memoria donde se entreveran destrezas técnicas, esfuerzos supremos, taquitos y dedazos. En vez de los cigarros, el café, o las grapas en el boliche próximo a la redacción, esos eran mis desvíos en charlas virtuosas del entorno laboral. Obtusas y pequeñas satisfacciones propias del escribano Andretta, el amigo de Pablo, el personaje de Francella en la película “El secreto de sus ojos” capaz de recordar a todos y cada uno de los futbolistas de Racing Club de Avellaneda que se le requieran. Así me pasaba a mi desde los tiempos del Patito Aguilera, de Sosita, del Coquito Rodríguez, de Fabián O Neill, del Gaucho de los Santos, del Chino Recoba.
Seguro que a Lodeiro lo terminé de redondear, y el con su actitud dentro de la cancha, en el 2009 cuando su masividad a través de los juveniles de aquella selección sub 20 dio paso a su prematura citación a la mayor ya en ese mismo año cuando Uruguay definió su vuelta a los mundiales.
Más allá de mi pretendida y nunca consumada idoneidad para analizar los desempeños de los colectivos y las individualidades de un partido de fútbol había algo de Nicolás Lodeiro, me podía , y siempre me generaba una especial admiración su esfuerzo y la tranquila seguridad de sus desempeños, buenos, malos o como fuesen.
Su gesta mundialista a los 20 años en Sudáfrica jugando quebrado más de una hora del partido contra Ghana, pero sobre todo sus invisibles asistencias de gol, sumado al esfuerzo con técnica, al desdoble sin desfallecimiento , y a su inquebrantable seguridad de lo que intenta me han llevado a entender siempre porque año tras año el cuerpo técnico lo considera, lo piensa entre los 18 o entre los 23, pero fundamentalmente lo valora como candidato posible entre los 11. No comparto ni un ápice a los que lo ven poco comprometido, frio o sin entrega. Fundamentalmente esto último su entrega es permanente, y mete a lo loco con su técnica con esos pases filosos, con su calidad.
Aquel niño hijo de campeón que se debió venir solito a Montevideo cuando era un liceal de 14 años dejando atrás a 400 kilómetros las milanesas de la vieja ha sabido ganarle a la vida con su juego con su ser.
Por eso el otro día en el Mineirao cuando después de su golazo salió a festejar el gol con bronca e ingratitud contenida, tuve también ganas de ser yo uno de los que lo abrazaba. Y Nico siguió, y destrancó con su juego un partido difícil por rival y por coyuntura: Uruguay con Tabárez solo había podido ganar un partido inicial de Copa América – ante Jamaica 2015- y ninguno ante rivales de la Conmebol.
Así con la potencialidad abierta y sin trancas, recordaba a un Lodeiro trascendental en el debut de la Copa América 2011 ante Perú con un pase de maravillas para el gol de Suárez, y una actuación consagratoria ante Inglaterra en el Mundial de Brasil 2014 el día de la gesta de Luis Suárez y el triunfo ante los ingleses.
Para mi Lodeiro es el sucesor de ese cargo seguro que supo ocupar el Cebolla Rodríguez durante años. Cebolla fue trascendental aún sin muchos brillos, como una pieza fundamental en el engranaje de la izquierda de la selección, y al momento Nico se presenta como su relevo.
Putealo ahora
¿Pero que es lo que pasa con esa enorme y descalificadora resistencia que parece tener Lodeiro entre la afición? ¿Acaso es así?. ¿Acaso es tan abrumadora la disconformidad con las prestaciones de un futbolista, cuando el cuerpo técnico que lo elige, y lo hace jugar solo ha demostrado idoneidad, sensatez y un excelente manejo del colectivo?
Me animaría a responder que no. Que siempre ha existido resistencia a futbolistas y técnicos, pero recién ahora estamos aprendiendo a vivir en el mundo de las redes sociales, en el de los tertunianos basura de publicaciones que a veces son sucios contenedores de esa basura.
¿Cómo puede pasar que un futbolista que a mi me parece un crack, dato menor e inservible, pero que desde que tenía menos de 20 años ha sido elegido de manera constante y permanente para estar entre los mejores de Uruguay, que ha logrado jugar en Nacional, Corinthians y Boca , antes de ser campeón y mejor jugador de la MLS con el Seatle, puede alcanzar tales niveles gratuitos de descalificación?
Cuando yo era un niño sentia que había gente que rechazaba a Pablo Forlán en Peñarol, y a Victor Esparrago en la selección. Serian conversaciones de boliche y oficinas que rebotaban tenuemente en las tarde del Centenario. El Boñato, y Esparrago terminaron siendo campeones de todo y esos estaños de boliche, aquellas Remington de la oficina, y los gastados asientos del Centenario con sus descalificaciones pasaron, y la calidad de los futbolistas está presente en el recuerdo.
Cuando Nico salió en el Mineirao , me hubiese parado para aplaudirlo, me hubiese gustado darle un abrazo y felicitarlo, reconocerle su calidad y esfuerzo.
Pero también me hubiese gustado darme vuelta imaginariamente a la cara de los serruchos 3.0 de todas las tribunas virtuales del mundo, y mirándolos a la cara y hablando bajito y medio de costado decirles con rabia y satisfacción : “Ahí lo tenes a Lodeiro, putealo ahora”



