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LOS AVATARES DEPORTIVOS Y POLÍTICOS DE LA COPA DE CLUBES
Por Alejandro de León (GIEFI – Treinta y Tres).
En 1965 nació el Campeonato de Clubes Campeones del Interior (CCCI en la nomenclatura del GIEFI) o Copa de Clubes Campeones de OFI o simplemente la Copa “El País”, ya que originalmente el certamen fue auspiciado por dicho diario capitalino puesto que de su seno, salió la idea germinal del certamen a través del periodista Efraín Martínez Fajardo “Efra”. Esa primera edición contó con la participación de 18 clubes, uno por cada departamento del Interior.
Hasta entonces la competencia a nivel de clubes se restringía casi exclusivamente a las ligas, salvo en Maldonado, donde se disputaba un Campeonato Departamental desde 1951. Para determinar dichos representantes comenzaron a disputarse eliminatorias entre los campeones de las distintas ligas, lo que implicó la instauración de la competencia a nivel departamental. En algunos departamentos los Departamentales adquirieron prestigio y contaron con la participación de más clubes además del campeón de cada liga. Así, en 1968 nace el Campeonato Departamental de San José. En otros departamentos estas instancias se realizaron a las apuradas apenas semanas antes del inicio de cada Copa de OFI y si bien el premio era grande, pues implicaba la participación en la máxima justa a nivel de clubes del Interior, no se formalizó una organización deportiva y muchas veces ni siquiera se entregaban copas y contaban esos títulos.
A comienzos de los años ’70 se realizan modificaciones reglamentarias para adecuar la institucionalidad a la nueva realidad competitiva y así se instituyen las Federaciones Departamentales, instituciones que reunían a las distintas ligas de cada departamento. En algunos departamentos, acompasando la realidad clubística a la de selecciones, existen divisiones, ya que Colonia y Canelones competían dos dos selecciones y Paso de los Toros y Tacuarembó competían en forma independiente. Esas federaciones sufrieron los avatares de los encuentros y desencuentros de la dirigencia de las diferentes ligas y así, las mismas fueron variando su integración por encima de las fronteras políticas. El primer ejemplo lo constituye la Liga de Cardona, perteneciente al departamento de Soriano, que pasó a integrar la Federación de Colonia.
El primer campeón fue Atenas de San Carlos. Las dos primeras ediciones se realizaron en zonas, pero a partir de la tercera edición rigió el criterio de proximidad geográfica para la conformación de las series, sin proclamar campeones zonales. En la edición de 1975 y a partir de 1978 y hasta 1992 la competencia se efectuaba de acuerdo a las confederaciones que conformaban la OFI y los cuatro campeones zonales disputaban la instancia final de la Copa.
En la edición de 1978 los cuatro semifinalistas: 18 de Julio de Fray Bentos, Santa Bernardina de Durazno, Huracán de Treinta y Tres y Peñarol de Paso de los Toros, no definieron el torneo ya que fueron invitados a disputar el torneo Liga Mayor, organizado por la AUF, que por entonces hacía sus ensayos de integración con el fútbol amateur de nuestro Interior.
A comienzos de los ’90 y merced a la presión de ligas no capitales pero con gran poderío deportivo, e incluso económico, como San Carlos o Chuy, se habilitó la conformación de los llamados “Sectores 1” conformados por las ligas capitales y los “Sectores 2” que aglutinaban en cada departamento a las ligas no capitales del mismo. Primero se habilitó a las selecciones, las que se denominaban con número romanos “Sector I” y “Sector II” en números romanos, hecho que resultaba altamente complejo para el enunciado de los resultados. Un par de años después de creada esta nueva institucionalidad se los llamó “Sectores Interior”.
En 1993 la Copa de Clubes se aggiornó con esta onda y se permitió la participación de un equipo por sector, o sea dos equipos por departamento: uno por la liga capital y otro por las demás. A partir de esta edición no se disputan más las instancias zonales a nivel de clubes.
Curiosamente, unos pocos años más tarde se produce la creación de ligas unificadas con la participación de la liga capital y otras ligas poderosas. Así nace la Liga Mayor de Maldonado y la de San José. La primera integrada por Liga Capital de Maldonado y la poderosa Liga Carolina de San Carlos. En la segunda la Liga de San José y la Liga Regional del Sur de Libertad.
En 1993 y 1994 los cuatro semifinalistas pasaron a disputar otro nuevo intento integrador: el Torneo Integración. Dichos clubes enfrentaban a cuatro equipos capitalinos en régimen de ida y vuelta y los ganadores de las semifinales disputarían la Liguilla Pre Libertadores. En ambas ediciones los equipos del interior cayeron en la primera fase. En 1993 Artigas de Melo, Quilmes de Florida, Central Palestino de Chuy y Porongos de Trinidad participaron de la experiencia y al año siguiente repiten Porongos y Central Palestino a los que se suman San Eugenio de Artigas y Tabaré de Rocha.
En 1995 la Copa se jugó en el último trimestre del año y se estableció la participación de un solo equipo por departamento y esta vez, campeón y vice de la Copa disputaron la Liguilla Pre Libertadores. Porongos y Frontera Rivera Chico jugaron el certamen que clasificaba al máximo torneo de clubes del continente.
En 1996 otro intento integrador entre la AUF y la OFI pergenió el llamado Torneo Nacional, con 9 representantes del Interior y 7 de Montevideo. La competencia de OFI se restringió a 9 llaves que emparejó a 18 representantes, uno por cada departamento. Esta instancia no está reconocida como parte del Campeonato de Clubes Campeones del Interior, aunque de todas formas, estos partidos están incluidos como parte de la competencia a nivel de clubes por parte del GIEFI. Sólo Central de Durazno logró avanzar en su disputa ante los capitalinos, eliminando por penales a Wanderers, pero cayó en la segunda fase.
En 1997 además de los 18 representantes departamentales se invitaron a clubes que habían sido campeones en las ediciones anteriores para el llamado Campeonato “50º Aniversario de OFI”. Esta edición tampoco cuenta en los anales de OFI como Campeonato de Clubes Campeones del Interior, salteándose el ordinal correspondiente. Hasta entonces, salvo escasas excepciones las llaves de las distintas ediciones del torneo eran de dos equipos, pero en esta edición se establecen series de cuatro equipos y algunas de tres. Campeón y vice (Punta del Este de la localidad homónima y Río Negro de San José, respectivamente) disputaron la Liguilla Pre Libertadores de AUF.
En 1998 comienza a disputarse la Liga Mayor con los ocho mejores equipos de la edición anterior, estableciéndose un régimen de ascenso y descenso con el Campeonato de Clubes Campeones del Interior que ofició como divisional de ascenso y continuó la numeración originada en 1965 e interrumpida dos años atrás. La “Copa de Clubes” volvió a contar con dos representantes por departamento, uno por cada sector.
A los efectos estadísticos, GIEFI considera en forma aparte la disputa de la Liga Mayor e incluye a las llamadas Copas de Clubes Campeones en el historial del CCCI.
La experiencia no duró y en 2001 se volvió a competir en una única instancia en una edición llamada “Campeones del Nuevo Milenio”.
En 2003 la OFI, cansada de las rencillas entre las confederaciones, barrió con la competencia a nivel zonal y estableció la llamada Copa Nacional de Selecciones, organizada de punta a punta por la misma y comenzó a disputarse a fines de ese año y comienzos del siguiente. Empezó a contar de nuevo y dejó atrás medio siglo del viejo Campeonato del Interior que reunía a los campeones zonales.
Con el mismo espíritu, en 2004 el máximo certamen de clubes se rebautizó como “Copa Nacional de Clubes”, arrancó nueva cuenta, pero conservó el “subtítulo” de Campeonato de Clubes Campeones del Interior con la numeración iniciada en 1965 y salteada en 1996 y 1997.
Al mismo tiempo, la OFI estimuló la conformación de “ligas regionales” que reunieran a ligas no capitales aunque pertenecieran a distintos departamentos, salteándose ya el concepto de “sectores”. Sólo dos ligas de este tipo se llegaron a conformar: la Regional Integración Centro Este (integrada por Cerro Chato, Santa Clara, Batlle y Ordóñez, Sarandí del Yí y San Gregorio de Polanco) y la Regional Aguas Dulces (Vergara y Cebollatí). Como otros experimentos anteriores la idea sucumbió algunos años más tarde.
Con dos denominaciones y numeraciones al mismo tiempo (Copa Nacional y CCCI) la Copa fue acumulando participantes. A partir de 2005 se comenzó a invitar a los clubes que cumplían 100 años y se amplió el cupo a dos clubes por sector más la clasificación automática de los semifinalistas del año anterior y últimamente se ha invitado además a campeones de otros años. Cualquier motivo es bueno para “invitar” a participar de la Copa Nacional de Clubes, acertada denominación porque de Clubes Campeones ya le queda poco. Así, año a año casi sesenta clubes, algo así como el diez por ciento de todos los clubes afiliados a OFI pasó a disputar la “Copa de Clubes” de OFI. Todo esto ante el estupor del periodismo, de los hinchas, de las ligas que no pueden armar un calendario normal cuando entre sus filas hay varios clubes que disputan la “Libertadores” de nuestro Interior. Al mismo tiempo, hay clubes que se desafilian luego de quedar rehenes de la aventura económica que implicó “jugar la Copa” y otros clubes con gran poderío económico y deportivo que no participan para no hipotecar dicho capital.
El año pasado una nueva reforma que transforma todo lo definitivo en provisorio ideó la creación de la Divisional “A” con lo más selecto del Interior, en este caso los 16 mejores clubes de la edición de 2015. Una vuelta a la experiencia de la Liga Mayor, pero con el agregado que el viejo certamen pasaría a ser la Divisional “B”. Si bien esto hizo que algún club disminuyera su interés en participar de la Copa, al final el espíritu de competencia prevaleció y este año tendremos 16 clubes en la A y 42 en la B, 58 en total, incluyendo a los centenarios Nacional de Fray Bentos y Peñarol de Sarandí del Yí.
Como sea, se han disputado 51 instancias interdepartamentales a nivel de clubes, 388 instituciones de las más variadas estirpes han disputado casi 4.200 partidos y han convertido más de 12.400 goles. El máximo torneo del interior a nivel de clubes sabe de estadios de Copa América, de estadios municipales, de canchas propias orgullo de sus propietarios y de canchas rodeadas de precarios alambrados y líneas de eucaliptus. También sabe de enormes sedes que albergan grandes galas y bailes, así como de modestas construcciones de bloques con la siempre infaltable barra y parrillero, o de bares que albergan las copas del club que se quedó sin casa. De jugadores estrellas que no pudieron triunfar en el profesionalismo pero hacen goles de todos colores en el interior, de cracks que ya llegaron y volvieron, de buenos jugadores que cobran más en el amateurismo de tierra adentro que en el profesionalismo de la “B”, de jugadores cuarentones y de gurises imberbes que hasta llegan a jugar con sus padres o sus tíos, de promesas, de jugadores atléticos y otros cargados de kilos, de parcialidades seguidoras y de tribunas casi despobladas donde se escuchan desde lejos las instrucciones dentro del campo de juego. La Copa de Clubes sabe de alegrías, de vueltas olímpicas, de goleadas históricas, de rachas imborrables, de campañas dignas de olvido. Sabe de nombres, sabe de hombres y mujeres que han escrito su historia dentro de la cancha, al borde de la misma y en los ámbitos directrices. Sabe de periodistas, de relatores, de comentaristas, de locutores comerciales, de noteros, de cables, de líneas de teléfonos, de consolas, antenas y celulares. Sabe de grabadores y de fotógrafos. Sabe de nosotros y cual espejo de lo que somos como comunidad, nos devuelve alegrías y tristezas, risas y lágrimas.

