#CopaOFI
Nadie se despidió de la Reina…
Por Sebastián Pastorino
El ambiente futbolero con el paso de los días se va poniendo impaciente y cada vez más inquieto, tenso. Saca fuerzas para seguir transitando la cuarentena dispuesta por la emergencia sanitaria del momento, y añora la vuelta a la vida «normal» con esa sensación de valorar las cosas recién cuando ya se perdieron; y recuerda lo que eran los campeonatos en disputa, y que se podía ir a la cancha a ver un partido de fútbol -sin importar quien jugara-, que se discutía con los amigos sobre el penal que no fue, y que los equipos estaban empezando a moverse de cara a la temporada venidera y se hablaba que tal o cual jugador posiblemente iba a llegar a vestir la casaca de sus amores.
Esa realidad tan común en nuestro diario vivir -hasta antes del Coronavirus- ahora no la tenemos, y parece mentira. Es raro… convengamos. ¿Alguno de ustedes alguna vez se puso a pensar en una situación similar?… la única posibilidad era en algún sueño, o mirando una película de ciencia ficción.
A todo esto la pelota no pica, los arcos no tienen redes y el pasto crece con el desorden de lo abandonado. Sin fútbol la cancha es solo un montón de ladrillos, cemento, alambres y fierros…
La reina, que como si tal cosa hace más de cien años corre por el césped conquistando corazones, ahora está recluida junto a otras reinas que un utilero guardó en una bolsa tras la última práctica. Y nadie le dio su adiós ese día, y nadie le dio un beso o le dijo que la quería… Ninguno supo -y es que era imposible saberlo- que esa había sido la última vez juntos, al menos por mucho tiempo.
Y el silencio… no debe haber nada más triste que una cancha de fútbol en absoluto silencio. Reductos acaparadores de emociones e historias míticas que entre sus muros llevan impregnadas miles de batallas épicas gestadas muchas de ellas por gente que ya no está, que solo vuelven a la vida con el singular sonido de una pelota porque si no quedan asfixiadas en el olvido y se enferman… Y la única vacuna que conozco para curar ese espíritu triste y revivir las cientos de historias -casi mitológicas- es la gente agarrada del alambrado, los jugadores corriendo atrás de la novia del fin de semana, y ella… la codiciada reina que se fue y nos dejó con el corazón roto.
