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Crónicas de campito. «El desafío»

— ¡“Los de arriba” nos desafiaron! —grita Gonzalo sin esperar que Beto se arrime hasta él.

Beto, pedalea la pesada bicicleta de reparto con el canasto cargado de pan fresco de la panadería La Galleta de Oro,  en la que trabaja medio turno. Sacude la cabeza en clara evidencia de no haber entendido y se arrima hasta donde está Gonzalo. Aguantándose con un pie apoyado en el cordón de la vereda, espera la aclaración.

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C de Campito 5 El desafío

5—EL DESAFÍO

Texto y dibujo: Alfredo Zaldúa

 

     — ¡“Los de arriba” nos desafiaron! —grita Gonzalo sin esperar que Beto se arrime hasta él.

Beto, pedalea la pesada bicicleta de reparto con el canasto cargado de pan fresco de la panadería La Galleta de Oro,  en la que trabaja medio turno. Sacude la cabeza en clara evidencia de no haber entendido y se arrima hasta donde está Gonzalo. Aguantándose con un pie apoyado en el cordón de la vereda, espera la aclaración.

—Dame un pedacito. —pide Gonzalo, dejando de lado el tema principal que lo hizo llamar a su amigo mientras, sin esperar, le arranca un trozo a un catalán que se asoma tentador de adentro de la bolsa.

— ¡No seas pesado! ¡¿Pa’ eso me llamaste?!

— ¿No tenés bizcochos? —pregunta Gonzalo, junto al intento de hurgar entre los panes.

— ¡No! ¡Pará! ¡No relajés! — le reprende Beto en tono de queja por esa actitud que lo compromete — ¡¿Querés que me echen?!

—Que te va’hacer un pedacito. No te van a echar por eso.

— ¡No, quién sabe! Ahora agarralo todo. No vas a dejar un pedazo. Dale que me tengo que ir. ¿Qué querías? Todavía que se rompió la “Jondita” y tengo que ir a llevar la bolsa de pan hasta por allá en bicicleta. Hasta el almacén de la salida tengo que ir ¿te parece poco? —increpa Beto de manera que junto con lo del pan, parece  achacar también a su amigo la rotura de la “moto” y la distancia del mandado.

Loearribaosdefiaron. —contesta Gonzalo con la boca llena.

— ¿Quéee?

Gonzalo hace un gesto de que espere un poquito hasta que termine de masticar y pueda tragar.

—“Los de arriba” nos desafiaron.

— ¿Quién te dijo?

—El Gordo Ferrotti, hoy en gimnasia. Lo desafió Florencio. Una vez en la cancha de nosotros y otra en la de ellos. Tienen el tal cuadrazo

— ¿Quién va a armar el cuadro de nosotros?

—No sé. Perico será. —responde Gonzalo, encogiéndose de hombros. —Andá esta tarde que vamos a hacer una reunión.

—Mejor que sea el Toño.

—No sé. Vamos a tener que conseguir otra pelota.

—¿Por qué?

—Cuando juguemos en la cancha de nosotros tenemos que poner pelota.

—¡Vivo! Se supone. ¿Y la del Gordo?

—Si usamos la de él va a querer armar el cuadro.

—¡Te querés apurar con las cosas que se me hace tarde para cocinar! —grita desde media cuadra Matilde, la madre de Gonzalo, parada en la vereda, con las manos en la cintura y la vista clavada en el dúo que conversa en la  esquina.

—¡Esta tarde andá al campito que le vamos a poner nombre y todo al cuadro! —insiste Gonzalo mientras vuelve a caminar.

Sin decir nada, Beto, parado en los pedales, sale en busca de recuperar tiempo. Desde la bolsa tumbada en el canasto, el aroma a pan fresco habla por él. (Continuará)

 

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