Este paréntesis puede servirle a O.F.I. para hacer respirar otros aires

Mirada extra

Es hasta ocioso aclarar que el deseo prioritario es que cuanto antes pueda superarse esta pandemia producida por el corona virus por  todas la repercusiones negativas que abarca apareciendo como la más grave la puesta en juego de vidas humanas, amenaza que por añadidura y en la medida de preservarlas resiente un entorno que se ha hecho global. Después, en un segundo plano, debe atenderse aquello podría decirse recreativo donde la reactivación del fútbol ocupa un lugar preponderante en la atención social. Claro que tiempo al tiempo. Mientras tanto no queda otra que encontrar instancias supletorias para superar la ansiedad del jugador por jugar y del aficionado en el seguimiento de la marcha de los distintos campeonatos. A todo esto y mientras se aguarda el regreso paulatino a la normalidad, ya bastante mundialmente anormal aunque el corona virus la haya descuajeringado repotenciado, aun de una circunstancia extrema por lo nefasta se puede sacar algo positivo.

No es la primera vez que hacemos esta referencia pensando en la política que aplica la Organización de Fútbol del Interior (O.F.I.) en el formato que da a sus campeonatos entre otros puntos. Nuestros asiduos comentarios generalmente cuestionando determinados comportamientos de diferentes Consejos Ejecutivos, nunca han quedado en la mera  crítica por el sólo hecho de criticar sino que tanto como nunca han traspasado la esfera estrictamente deportiva sin  inmiscuirse en lo personal privado, siempre han procurado y procuran, sobre esta institución en particular como opiniones cualesquiera en general, incluyen un intento de aportes  de recambio por fuera de que sean practicables o no. Lejos estamos de la soberbia que nos haga creer ser los dueños de la verdad aunque sí nos sentimos legítimos poseedores de la tranquilidad de no hacer de nuestras posturas contrapuestas como uso antojadizo de la oposición por ella misma. Es así que en este caso siempre desde nuestro rol de comunicadores -observadores primero-, se nos ocurre que la recesión que al igual que tantos ha tenido que asumir O.F.I. en su funcionamiento donde se encuentra la postergación de sus competencias deportivas le da lugar a modificar sus estructuras de hasta ahora. Es decir que dentro de este contexto fortuito le permite aplicar un cambio que de otra manera, y viene quedando  demostrado, no se permitiría ejercer.

Los formatos de las Copas Nacionales de selecciones montándose en la inmediatez de las de Clubes y el rebote distorsionante que estas producen  en la actividad interna de las Ligas, razón de ser de una como Organización y de las otras como competencias, han hecho correr mucha tinta. Este momento de corte es oportuno para entrar a variar algo que especialmente por su mecanismo paulatinamente viene incrementando la saturación y la pérdida de interés. No somos los únicos poseedores de este pensamiento, colegas, jugadores, dirigentes han hecho similar concepto aunque después estos últimos  han  seguido siendo presa de la inercia. El tiempo reducido que habrá de quedar una vez abierta la puerta de la reanudación obligará sin remedio a modificar tradiciones obsoletas.

De hecho la propia O.F.I. viene previendo la no disputa de los torneos nacionales de clubes o de jugarlos con otro formato. Todo depende de cuando pueda ser rota la pausa. Pese a considerarnos naturalmente optimistas tampoco somos necios como para no suponer como más probable que el tiempo sea escaso pero así lo hubiera no deja de ser bueno asumir la prueba de aplicar otro método.  Se impone cambiar los semblantes. Por lo tanto se nos ocurre que los campeonatos nacionales deben tener un desarrollo más dinámico. Nos parece acorde que las Copas A y B de clubes deberían jugarse en llaves eliminatorias sistema similar al que en la esfera profesional se aplica para la Copa Sudamericana y para la Pre Libertadores. En las de selecciones no pueden ser más de una o dos las clasificadas por cada regional. Nada de mejores terceras o cosas por el estilo. Si nos apuran deberían ser sólo las campeonas de zona a las que, dado que la etapa previa se viene dividiendo en tres regiones, se le puede agregar la que se ubique como mejor entre las segundas a los efectos de que jueguen cuatro pudiéndose llevar esta etapa a dos ruedas todas contra todas.

No se le coarta a nadie el derecho de competir pero sí evitar alargar una etapa previa -regionales- donde en los más de los casos las propias series marcan amplias diferencias incluso entre primeros y segundos de una misma zona, por  lo que por más que se diga esto es fútbol, una en cien podrán ser la sorpresas de parte de aquellas que accedan después de una opaca clasificación. Hay que respirar aires nuevos que eviten la asfixia de la sobrecarga como si todos los componentes del entorno fueran máquinas impedidos del hacer para disfrutar con los matices propios de cualquier competencia pero sin caer en el empalago del sin fin dentro del que no se puede dejar de incluir a la pospuesta Copa Uruguay, otra razón para de una buena vez poner cabeza y voluntad en reformas largamente postergadas en contraposición a la realidad que aúlla como lobo hambriento. A no desaprovechar esta «casualidad» para transformarla en causalidad. Hay que animarse a dar el paso. Nada más. Probar no cuesta nada.

Alfredo Zaldúa (Semanario EL ECO/GIEFI)

futbolflorida

Blog de fútbol de Florida y del interior de Uruguay

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