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Basta de jugar para la tribuna

Mirada extra

Desde fines de los 70, comienzo de los 80, cuando entró en vigencia la obligación para los deportistas de poseer ficha médica, cuantiosos han sido los partidos ganados en la cancha y después perdidos en los escritorios producto de reclamos de un club a otro (o Ligas según el torneo) por la inclusión de algún/os jugador/es faltos de ese documento o cualquiera otra anormalidad en el mismo. Irregularidades con sanción para la institución infractora y para el deportista trasgresor ya sea por responsabilidad propia o ajena.

Tampoco vamos a ser tan amnésicos de no tener presente que como suele suceder en tantas disposiciones impuestas en nuestro país, en esta se puso la carreta delante de los bueyes. La buena intención de velar por la salud de los deportistas exigiendo la posesión del certificado de aptitud se daba contra la carencia de las condiciones de servicio que facilitara la expedición de la, a la larga, famosa ficha médica. Es irrebatible reconocer las dificultades a sortear por parte de aquellos interesados en cumplir con esa requisitoria donde también, de un lado y de otro, la negligencia trancó con su cuota parte.

No menos evidente era descubrir, partiendo del mismo pensamiento de  los propios legisladores de la ordenanza,  que dicha exigencia se presentaba cargada de figurada buena intención pero en los hechos y por las mismas carencias de recursos prácticos, se reducía a un trámite meramente burocrático y recaudatorio. Desde entonces a la fecha, sin llegar nunca a regirse por un plan unificado de atención, la ficha médica ha sido uno de los factores estratégicos determinantes para transformar vencidos en vencedores. Ahora, con similares objetivos fue puesto en escena el Carné del deportista. Sapo del mismo charco. Modificación administrativa donde la mayor variante radica en el cambio de nombre. Mientras tanto sigue ausente la rigurosidad con la que se deberían encarar los exámenes cuyos resultados sean a quien lo tramita auténticos garantes de poseer un organismo apto para sobrellevar el despliegue físico sin otros riesgos que los eventuales de la competencia.

Habrá que poner atención a determinados horarios para algunos partidos de la Copa Nacional de O.F.I. de selecciones ya sea por intereses sujetos a compromisos con la televisión o porque determinada Liga carece al momento de una cancha con iluminación artificial, habrá jugadores expuestos a correr detrás de la pelota en horarios impropios para la época.

Las formativas de la A.U.F. no quedan fuera con encuentros que también entrado el verano se jugaron desde media mañana, a las 12.00, a las 13.00, a las 15.00 horas.  Lo mismo sucedió en las finales de la Copa Integración de Sub 14 y Sub 15 cuando sobre fines de 2019 las selecciones campeonas de O.F.I. confrontaron en el Estadio Centenario de Montevideo contra equipos de esas categorías de clubes de A.U.F.

El mismo concepto vale para el fútbol infantil tanto jugado con extremo calor o entrenando de noche en pleno invierno con temperaturas polares.

Todo con la anuencia de los (i)responsables organizadores y de aquellos supuestos supervisores contradiciendo las cada vez más publicitadas llamadas de atención alertando de los peligros y aportando las precauciones a seguir.

Y en este tema no todo queda subordinado a la temperatura. No nos puede quedar en el tintero la todavía reciente muerte del juvenil de Boston River Agustín Martínez. Es absurdo en cualquier ser medianamente  sensato  no creer que la O.F.I. y la A.U.F. como hábiles simuladoras, en este caso de consternación,  no se sirvieron de esta muerte para postergar sus competencias con el único fin de beneficiar a otros intereses. ¿Qué resultó de la argumentada reflexión pretexto del paréntesis? ¿Qué se corrigió? A excepción de las de sus seres queridos, la de los jerarcas engolados discurseadores fueron momentáneas ficticias lágrimas de cocodrilo mientras siguieron con  la inercia del dejar pasar.

Es tiempo de que los directamente involucrados paren de jugar impunemente para la tribuna. Si las autoridades que han decretado la obligatoriedad de poseer el carné de aptitud lo han hecho pensando seriamente en la prevención, deberán facilitar las herramientas acordes para su cumplimiento. Las autoridades deportivas tendrán que asumir sus responsabilidades con adecuado criterio. La Ficha médica o el ahora Carné del deportista –el nombre es lo de menos– no puede ser un simple cartoncito para ganar o perder puntos en los escritorios. De no estar dadas las condiciones no debe correr más lo de hacerse trampas al solitario y si hay que paralizar todo hasta que las haya que se paralice. De lo contrario, dar vía libre abandonando el sin sentido recurso de arrogar tramoyas.

Alfredo Zaldúa (Semanario EL ECO/Mediacancha-FM 89.1 Palmira Comunitaria/G.I.E.F.I.)

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Blog de fútbol de Florida y del interior de Uruguay

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