Crónicas de campito

Una palabras para antes de “pisar” (A manera de prólogo)


Antes de “pisar” y empezar a elegir quienes patean para cada lado, quiero decir algo.
Cada vez que aún desde la ficción trato de contar sobre hechos cotidianos hago la misma aclaración y digo que ellos, los hechos cotidianos, también son parte de la historia. No todo pasa por fechas o grandes acontecimientos. Las costumbres, incluidos los juegos infantiles, hacen una parte grande de ella.
El fútbol como pasión que se arrastra desde la niñez fue y es (aunque de diferentes maneras) uno de los jalones primordiales, al punto de que como juego en el significado más legítimo de la palabra cualquier lugar es propicio para transformarlo en cancha y todo aquello que se pueda (o no) “patear”, óptimo para usarlo de pelota.
Ya hablando del pasado, dentro de esas preferencias y adaptaciones donde en cualquiera de los juegos la imaginación no ponía límites porque justamente de jugar se trataba, en el caso del fútbol y cuando el intento de que este se aproximara lo más posible a la realidad, es decir cuando la cosa pasaba por jugar a jugar “en serio”, “el campito” ocupaba un lugar de privilegio.
Pese a que por lo dicho convengamos que el fútbol sigue siendo parte de las preferencias infantiles, incluso ya no exclusivamente masculinas, su práctica para mi gusto se ha “oficializado” en demasía y la recreación como tal, visto desde lo más genuino, es decir lo que surge de la inmediatez y creatividad, ha perdido terreno sometido a pautas e intereses que por lo general parten desde los adultos, andando por la frágil frontera de cercenar la libertad lúdica que por naturaleza corresponde a los niños tornándolo casi más en un esparcimiento para grandes.
Reconociendo que los tiempos han cambiado —aclarando que, para el caso, reconocer no significa justificar o aceptar en su totalidad— en ese reconocimiento de cambios, la realidad ha hecho y así nos lo muestra, que “el campito” entre otras cosas y el encanto que por añadidura generaba, haya desaparecido para volverse, tanto el espacio como sus pobladores, parte de la historia.
No se trata de abrir polémica ni de pecar de nostálgicos; simplemente es rescatar desde lo cotidiano una parte grande y rica de la tradición infantil.
Vayan estas crónicas, de ficción pero inspiradas en la realidad, para todos aquellos que se sientan cercanos a ellas y, a partir de ahí, movidos a retro-alimentar sus propias mundologías.
Y para quienes por razones cronológicas les ha tocado ir llegando después, vayan también estas “historietitas”. Totalmente desprendidas de la pretensión vana y ligera de que “todo tiempo pasado fue mejor” —que cualquier época ha dado y dará pie a que alguien haga suyo ese pensamiento tan viejo como el mundo—; ni superior ni inferior, sino sencillamente distinto. Cabe decir tal vez, aunque se me ocurre pueda sonar curioso, tiempo sí de gurises verdaderamente jugando a jugar.
Por lo tanto, para que se vivan o revivan y con la variedad de matices que le quiera dar cada cual, a partir de ahora dejo estas Crónicas de campito, con la única ilusión de que por sobre modas, costumbres, sistemas o cambios de rutinas, sea el espíritu de aquello lo que se vuelva intemporal que, en definitiva y muy humildemente, es lo que con ellas busco recrear.
Ahora, antes de pisar, pido a los vecinos sepan disculpar si alguna vez y por casualidad la pelota va a parar arriba de alguno de sus techos o en el medio de algún patio; o por si cae en el gallinero provocando alboroto o aplasta alguna planta del jardín. (¡Ni Dios permita caiga en la desgracia de romper algún vidrio!) Si cualquiera de estas cosas llegaran a ocurrir, dejo la expresa constancia de que me declaro único responsable.

Alfredo Zaldúa (Nueva Palmira)

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Blog de fútbol de Florida y del interior de Uruguay

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